Las palomas

Columba libia  doméstica, o semi doméstica,  según lo miremos. Animal mítico donde los haya, domesticado desde antes de los romanos y los griegos.

Lo mismo nos vale para hacer una sopa, un guiso, que para representar la paz o el espíritu santo,  o nos valen como palomas mensajeras. Son conocidas por su gran capacidad de orientación, aunque lo cierto es que les va la vida sedentaria, después de que se dieron cuenta de que un email o un sms es más rápido y da menos trabajo para ellas.

Las palomas se alimentan en el suelo, tanto en la naturaleza como en las ciudades. Suelen encontrarse en parejas en la época de reproducción, pero el resto del tiempo son gregarias. Las palomas domésticas duermen en salientes de muros, porque son incapaces de mantenerse durmiendo en los árboles, como otros pájaros. La esperanza de vida de una paloma en la naturaleza oscila entre los tres y los cinco años y llega a vivir hasta los quince años en cautividad.

El halcón peregrino  y el gavilán común son sus principales depredadores naturales. Hasta el 80% de la dieta de los halcones peregrinos de muchas ciudades se compone de palomas. Pueden ser cazadas por rapaces de tamaños comprendidos entre el halcón americano y el águila real, como los busardos, búhos reales  y  azores, y sus nidos pueden ser expoliados por las gaviotas y los córvidos. Entre los mamíferos que también pueden atacarlas se encuentran las martas, las jinetas, las zarigüeyas  y los mapaches, además de los gatos.

Nadie dice nada a cerca de perros guía cazando palomas, y eso que he buscado por internet todo tipo de artículos científicos y no tanto….
Esto que parece una redacción de cuando estudiaba E G B, tan solo es el preludio de mi vida entre palomas.

La primera vez que tomé conciencia de hasta qué punto complican mi vida las palomas, fue cuando viví en Algete, ellas se instalaron en un saliente de mi terraza, y cada día me regalaban sus obsesos arrumacos y su lluvia de cagadas que caían como bolas inundando mi espacio. Pero cuando comencé mi vida con perras guía, ¡ahí sí que fue total! Recuerdo un día en que de repente, mi difunta pastora alemana, según íbamos caminando por una acera, de pronto se tumbó en el suelo. ¡Menudo susto! pensé: ¿un infarto? ¿se ha desmayado? ¿le duele algo?
¡nada que ver! ¡solo se trataba de una paloma!

Ella la vio venir, y atendiendo a su código genético ancestral, se tiró al suelo a esperarla en posición de caza. Y claro ¿como iba yo a saber eso?

Urgentemente llamé al instructor para contarle que de vez en cuando, mi perra se tiraba al suelo sin una razón aparente, y con su explicación todo quedó meridianamente claro.

Y bueno, ahora que en esta pandemia que nos ha tocado vivir, las palomas han tomado la ciudad, han urgado en contenedores y papeleras, sin gente que les moleste, por lo menos por Madrid, andan como gallinas, tranquilamente se pasean por la calle Luchana pidiendo comida en las terrazas a la gente.

Y yo, si bien es cierto que ya no me preocupo ni por obstáculos en la calle, ni por mesas ni sillas, tampoco por bordillos y bolardos, aquí tengo a mis amigas las palomas, las cuales complican mi movilidad e intrigan poderosamente a Goleta.

Es lo que los instructores de perros guía llaman «una distracción» ¿que que es eso? pues todo lo que distrae al perro cuando está trabajando y guiando nuestro camino. Desde un pájaro, perros sueltos, atados, gatos, y diversos animales, olores intrigantes, colores, comida…. o sea ¡todo en general!
Goleta ve una paloma y al instante quiere olerla, o jugar con ella, o tal vez cazarla para mí, para que prepare un buen caldo, ¡vete tú a saber! pero es el caso que como haya una en su línea de visión ¡las dos vamos a por ella!

¡Es lo que tiene convertirnos en una unidad!

Ladrando en la nube con Goleta, Terrazas

Navegando con Goleta: Las terrazas.
Cuando me entregaron a Goleta el 15 de mayo, ¡que diferente estaba Madrid! Todavía casi todos estábamos confinados, sin terrazas, bares, restaurantes, tiendas….

Si nos queríamos tomar algo el instructor y yo, después de una dura jornada de caminar, y especialmente esos días que subieron las temperaturas muchísimo, sólo podíamos pedir un café de vaso desechable en Viena Capellanes, o aquí al lado, en la panadería de Fernando, que aparte de vendernos unos ricos croissants, también nos daba un cafecito. ¡Todo estaba cerrado!

Nuestra vida de entrenamiento fue fácil, esencialmente había que preocuparse por bordillos, cruces, recto, izquierda, izquierda, derecha, derecha…. ¡y casi bailar la yenca!

Además estaban algunos perros que querían saludarnos y nos distraían, pájaros, ¿y cómo no? ¡Palomas! lo de las palomas es post aparte. Y bien, justo cuando terminamos el curso, ¡comenzó de nuevo la vida en Madrid! La verdad es que era como un renacer, y hasta sonaba maravilloso.

Terrazas abiertas, niños, pelotas, bicis, monopatines, patinetes eléctricos, sillas, mesas, ¡gente y gente!
Lo sé, esta es la vida de siempre, una ciudad a tope, pero Goleta y yo, caminábamos felices sin tanto ruido, sin tanto lío.

El primer día que abrieron las terrazas, que la gente acudió a ellas como si se las fueran a quitar, felices del plus post covid19 que les iban a cobrar por una bebida como si fuera año nuevo, ¡La perrita estaba impresionada! todos corriendo a pillar mesa, sillas, entre mascarillas y olor a lejía, los humanos se volvieron locos por una birra en primera línea de tráfico, a pleno sol, y sin pincho para acompañar!
Por la glorieta de Bilbao a las ocho de la tarde no se cabía.

Goleta observaba estupefacta todo ese raudal de gente de un lado para otro, y oye, ¡que no miraban! Ella intentaba esquivarlos, pero al ser objetos móviles, ¡que complicado!

Además, no sé si os habéis fijado, si bien hay que mantener la distancia social entre las mesas de las terrazas, también los dueños de los bares se han ido expandiendo lentamente a un lado y otro de las aceras, las ordenanzas municipales se han relajado por consideración a los pobres hosteleros que han estado cerrados tres meses, y ahora ¡casi que me voy a encontrar mesas de terraza hasta dentro de mi portal!

Pasar por una terraza, con sus restos de comida, sus carritos de bebé, niños con pelotas, humanos que ni miran ni ven, algún que otro perro gruñón, sillas a derecha e izquierda, un patinete tirado y un par de palomas…. ¿que más se puede pedir para superarnos a nosotras mismas?

Me temo que esto será nuestra nueva normalidad, es decir, lo mismo pero mucho más que antes.

No obstante, ¡que alegría tomarse algo a la fresca con amigos en una terracita aunque acabemos intoxicados por el desinfectante!

Navegando con Goleta: ¿me das la patita?

Ladrando en la nube con Goleta: ¿Me das la patita?

Podría hacer un gran listado de preguntas que de seguro todos los usuarios de perro guía hemos tenido que escuchar una y mil veces.
Algunas preguntas son absurdas, otras de risa, incluso algunas personas plantean alguna cuestión hasta con sentido común y conocimiento….
Creo que podría contar y no acabar con la cantidad de cosas raras que a la gente se le ocurre preguntar a cerca de un perro guía…
Pero en este post me centraré exactamente en esta:
¿Da la pata? ¡Dame la patita! ¡Por qué un perro tan listo no sabe dar la pata!
Pues no, no señor ¡mi perra no da la pata!
¿Sabría usted dar la pata? porque yo, concretamente no.
No basta con que pare en los bordillos, me ayude a cruces locos de Madrid, esquive las mesas de las terrazas que en estos días invaden hasta los pasos de cebra….no ni con que eluda andamios, bancos, contenedores, cajas y equipajes en las aceras….
Obras, ruidos, papeleras, bicicletas patinetes tirados en el suelo…
Tampoco basta con que aguante estoicamente a todo desconocido que le pase la mano por el lomo, y que ella, desde su inmensa bondad, aguante con paciencia y amor a todo humano que le quiera decir cualquier cosa.
No, ¡el tema es que la perrita no da la pata!
¿Que queréis que os diga?
Desde un punto de vista anatómico, es bien incómodo que un perro dé la pata, más bien es un acto de querer agradar que ellos se aprendan esa gracieta porque saben lo felices que nos hace.
Yo por mi parte, con tener cada día a mi súper heroína que logra que mi camino sea ágil, libre de obstáculos y divertido, ¡con eso me doy más que satisfecha!
Y si tenéis mucho interés en lo de la pata, yo mismamente os la doy, eso sí, ¡lavaos antes con hidrogel por lo que pueda pasar!

Ladrando en la nube con Goleta: el cepillado

  Ladrando en la nube con Goleta: El cepillado

   Cuando me entregaron mi primera perra guía, una de las primeras cosas que me enseñaron  fue como cepillarla.  Más allá de mantener limpia a mi guía, cuidar su pelo, sus orejas, sus ojos, y revisar de forma meticulosa todas y cada una de las partes de su cuerpo por si tiene algo clavado, alguna herida, algo inflamado, o alguna cosa extraña que no me haya dado cuenta, el acto del cepillado es una forma de divertirnos, jugar, acariciarla, rascar, y premiar de algún modo a Goleta por su trabajo.

   En el mundo del aseo personal canino, la cosa se ha complicado bastante, hay todo tipo de cepillos, peines, rastrillos, guantes masajeadores, de todo tipo de materiales colores y formas.

            La escuela al principio nos regalaba un set de cuidados para el pelo, cepillo, peine, y bayeta para limpiar el polvo del pelo. Ahora  con los recortes, supongo, ya no nos dan nada de esto, sólo durante el tiempo de entrenamiento, te ofrecen ese material, pero cuando se finaliza el curso, vuelve a la escuela.

     En mi caso, no hay problema, tengo peines y cepillos de todo tipo. Con los pastores alemanes usaba un rastrillo con las púas metálicas y muy separadas, púas gordas para no hacerle daño, por supuesto.

      ¡Ya no me acordaba de lo que son los pelos de una labradora! pelos duros que se clavan como alfileres en la ropa, el sofá y los cojines. Menos pelo que los pastores, eso sí, ¡pero bien contundente!

      Ahora mismo contemplo al neceser de Goleta ¡y casi tiene más que el mío! sólo le falta unas cuantas cremas faciales, un pintalabios ¡y estamos a la par!

         Os cuento la que liamos cada dos días para esto del cepillado:

   Me salgo al patio con una silla baja, de esas de pueblo, que yo ya no estoy para sentarme en el suelo como antes, jajá., mi espalda daría su opinión de forma contundente.

   Uso una bolsa especial con todos los elementos, más un bote con premios para Goleta, porque gustarle lo que se dice gustarle, bueno, digamos que se aguanta estoicamente, y sólo porque sabe que hay de vez en cuando alguna barrita de olor a chorizo, es que se queda quieta.

   Empiezo con el fulminator, una especie de peine tipo liendrera, que ese arrastra todo el pelo muerto que se encuentra, por si no lo sabéis, lo que da ese olor a perro, es el pelo muerto que queda ahí entremedias del resto del pelo, y este tipo de peine, con cuidado, es muy eficaz.

   Luego le paso un cepillo de goma en forma de mariquita, debo decir que el instructor comentó que  eso no valía de mucho, pero tiene que ser agradable que te pasen eso suave por el lomo ¿no?

      También uso un guante con unas bolitas de goma, que el poco pelo muerto que le queda a la perrita, lo voy arrastrando aparte de que es como un juego divertido entre las dos.

   Después uso la bayeta húmeda homologada, que quita el polvo sobre todo de la contaminación.

         También le paso unas toallitas que le dejan el pelo esponjoso y más limpio.

         Hay toallitas de todo tipo para perros, desde las de citronela anti insectos, que no sé hasta qué punto son repelentes, pero sí que es cierto que con esto del coronavirus, no está mal limpiar cuando volvemos de la calle, en vez de usar desinfectantes más agresivos.

        También hay de un montón de aromas, camomila, aloe, incluso talco, ya por suerte no despiden un olor tan profundo como antes, y dan sensación de limpieza a los perros y a nosotros. ¿Que puedo decir sobre los perfumes y colonias? en general no me gusta ponerle a la perrita este tipo de productos porque me parece que anulan su olor personal y aunque no lo tengo claro, también podrían anular su olfato.

Pero debo decir que hay toda una gama de perfumes increíble, pero yo de momento me abstengo.

  

En fin, en todo este proceso del cepillado, a lo tonto a lo tonto, se nos va media hora, y ya tengo hasta la ropa especial para el momento, que después echo a lavar, porque me quedo con más pelo que ella en mi cuerpo.

   A parte del cepillado, si que es bueno tener una dieta saludable, esto ayuda a tener mejor pelo, igual que los humanos.

   Los de mi tienda favorita me recomendaron un aceite con miles de omegas, vitaminas, y no sé cuantas cosas más, se trata del aceite de salmón salvaje de Alaska, ese que toman los osos grizzlis, es una botella con un dispensador, y le echo al pienso cuatro pulsaciones, tiene un cierto olor a pescado, pero a Goleta le encanta, y le alegra un poco el sabor del pienso.

  En fin, después del cepillado ¡goleta queda reluciente!

Ladrando en la nube con Goleta: Nuestra tienda favorita.

 La memoria de Goleta es increíble, sólo con visitar una sola vez un sitio, ya lo recuerda para siempre.  Pero por supuesto, hay lugares que recuerda con más alegría que otros.

   Por ejemplo, las cafeterías y pastelerías que en los primeros días parábamos a comprar un café en vaso desechable en nuestras rutas, ¡esas las recuerda siempre que pasamos por allí!  Con sus patas delanteras marca la puerta y el escalón para entrar.

   En principio, cuando hace eso, el instructor me dijo que debo felicitarla, porque eso es señal de que recuerda y quiere agradarme con su trabajo.

   Pero hay un sitio que es su felicidad máxima, una tienda que aunque pasemos cien veces al día delante de la puerta, ¡ella siempre quiere entrar! insiste e insiste incluso cuando está cerrada. Se trata de “Lobitos”, una tienda especializada en mascotas.

   La llevan unos chicos súper amables y serviciales, amantes de los animales, y muy profesionales. Venden todo tipo de productos y de todos los precios y calidades. Desde el pienso más barato a menús de la dieta Bart de precios de menú del día de humanos.

Salvi y Goleta entrando a lobitos
Salvi y Goleta entrando a lobitos

   También tienen un montón de tipos de premios, golosinas, mordedores, correas, collares de todo tipo…. Complementos maravillosos, ¡que yo me los compraría todos!

   Apartado especial son los juguetes ¡pero juguetes con sentido común! , no esos pitidos de goma que vuelven locos a perros y dueños, y que en un par de mordidas dejan de pitar y pasan al estómago del perro o del dueño.

   Bien, en ese paraíso de comida, complementos, juguetes, ¡Goleta está feliz!

  Además, los dueños siempre le regalan alguna barrita de esas con olor a chorizo, que ¡me dan ganas de pedir otra para mí de lo bien que huele!

   En cuanto cruzamos Luchana, vayamos donde vayamos, ella enfila frente a la tienda de Lobitos, y directamente se va a la zona de juguetes, peluches gigantes, juguetes interactivos, pelotas, palos, cuerdas….

Los perros guía tienen totalmente prohibido jugar con pelotas, esto les estimula demasiado, y si en el momento de trabajar vieran una, podrían desconcentrarse.

¡Pero en el manual de usuario no dice nada de la diversidad de otros juegos en lobitos!

    La perrita elige cada vez que vamos el juguete que más le gusta, y ni siquiera lo envolvemos, le quitamos las etiquetas, lo pagamos y nos lo llevamos en la boca y en la mano indistintamente hasta casa.

   ¡Os juro que esta tienda será mi ruina!

Ladrando en la nube con Goleta: perros y más perros

   Los que me conocéis, sabéis que mi anterior perra era una magnífica pastora alemana.

   Ella era una perra respetable, que sólo con mirarla, algunos perros preferían cambiar de acera.

   Ni hablar de Xito que aunque nunca fue guía, ha sido tan querido… ese si veía a un perro, él mismo le ladraba, no por nada, sino sólo por el gusto de decirle algunas palabritas.

   Los pastores alemanes son de hacer bastantes sonidos, y Xito, aunque imponía bastante, era incapaz de hacer daño a nadie.

   Yo andaba por la calle con ambos sin preocuparme de nada, ya sabía yo que no me iba a encontrar con ningún perro que se nos acercara.

   Pero con Goleta las cosas son diferentes.

   Ella es muy amigable, más que los pastores, le gusta mirar a cualquier perrito que pase cerca, y quiere saludarlos a todos.

   Si Goleta va guiando, el arnés la contiene mucho, de hecho, en estos casos, mira y desciende su velocidad, pero nada más.

   En cambio, si vamos sólo a correa, ella tira e intenta  decir hola a todo perro que se encuentra.

   ¿Pero qué hay de los perros sueltos? ellos vienen junto a nosotras y aunque ella quiere seguir nuestro camino, a penas si la dejan.

   Yo me veo en la situación de tener que llamar al orden no al perro sino al dueño, porque ¿a quién se le ocurre llevar el perro suelto en la ciudad? el tráfico, la gente, las cosas que se pueden coger del suelo, otros animales, en fin, para mí que es una falta de responsabilidad.

   Y luego están esos perros potencialmente peligrosos, que en realidad quien debería llevar ese nombre serían sus dueños, porque realmente ellos son los agresivos y peligrosos.

   El otro día, íbamos Goleta y yo caminando por la glorieta de Bilbao y se le tiró literalmente un perro de esos malotes, con una dueña incapaz de controlar su perro, que menudo susto que nos dimos las dos.

   Se nos tiró de forma muy agresiva, y ¡que susto! de milagro nos libramos las dos incluso de salir heridas.

   Ahora estamos en una situación muy sensible, empezando a trabajar juntas, no quiero que tenga ninguna experiencia negativa, ni ahora ni nunca por supuesto.

   Apelo al respeto, al cumplimiento de la ley, a la responsabilidad.

   No sólo por Goleta y por mí, sino por todos los demás perros y humanos.

   Todos somos frágiles, y podemos salir heridos en el mejor de los casos.

   Por favor, ni llevéis suelto a vuestro perro salvo en las zonas permitidas o en el campo donde sea posible.

   Elegid perros dóciles para convivir, perros que no sean agresivos, ni fomentéis agresividad en ellos.

   Controlad a vuestros perros, y si no sois capaces, acudid a un profesional, que los hay de todo tipo de tendencias y cualificaciones.

     Y Ante un perro guía, cruzad de acera con vuestra mascota, dejadnos el paso libre para que podamos caminar con tranquilidad.

   Nosotros ya soltamos a nuestros perros, les dejamos jugar y divertirse solos y con otros, cuando es el momento, no somos unos tiranos, nos gusta ver felices a nuestros guías, y disfrutar con ellos.

   Yo sé que los que leéis este blog, sois gente responsable y concienciada.

   Si nos echáis una mano en esto, sería genial, y si lo contáis a otros, mejor todavía.

Ladrando en la nube con Goleta: en busca de la mierda perdida ¡haz haz!

 Cuando recibí mi primera perra guía y tuve que aprenderme toda la serie de órdenes que el animalito se sabía y que yo ni idea, sienta, échate, junto, no… y muchas más….  la que más risa me dio fue la de «haz haz!

Goleta con jugete buscando donde hacer
Goleta buscando donde hacer

¿A quien se le ocurriría esa orden?

¿Que que es eso?


Bueno, es esa orden donde sugerimos a nuestros perros que dejen su firma en el asfalto, que dejen sus residuos, que planten un pino, o lo que viene siendo que hagan sus caquitas y pises en el lugar más o menos correcto.


  Yo debo persuadir a la perra con las palabras «haz haz»  que debe ser algo así como tomarse un laxante porque en cuanto empiezo  a dar vueltas correa en mano, al cabo de pocos segundos, aquí mi socia, gira y gira hasta que decide depositar su merienda en el sitio, que según su idea perruna es perfecto.


  Hasta ahí todo bien ¿no?


¿pero que pasa cuando esa socia mía decide seguir dando vueltas y haciendo cacas? cuando se toma literalmente la orden, camina y hace, hace y camina….  y yo ahí, bolsa enguantada en mano, recorro el suelo buscando el ñordo perdido….


    Y no sé por qué, ¡siempre tengo la sensación de que me falta alguno!
  No entiendo eso de andar y cagar a la vez, de verdad, que el gran padre de todos los perros me perdone, ¡pero no lo entiendo! ¡yo sería incapaz!


   He pedido opinión a varios expertos, el instructor sugiere que la ponga en  correa más corta para hacer sus cositas, una amiga, que cuando esté en la infame posición la perrita, yo me ponga delante de su cabeza y así limite sus movimientos, en fin, todo sucede tan de prisa, con el trajín se me cae el bolso, el arnés… ¡un desastre!


  ¡Yo quiero ser buena ciudadana  y recoger bien mis mierdas!
Y a veces es casi imposible.


  Está bien, mi socia y yo somos pareja desde hace bien poco, es nuevo el barrio, los olores y todo, ¡pero ya llevo en la suela de  mi zapatilla más de tres cagadas!

Ladrando en la nube con Goleta: visita al veterinario

Hoy hemos ido a hacer la presentación oficial en la clínica veterinaria donde habitualmente he llevado a mis perros.

No creais que es fácil encontrar el veterinario ideal.


  Yo pensaba que era una buena clienta, tolerante y todo eso, pero parece que no, que no duraba ni medio año con los diferentes veterinarios a los que he ido.


  Era una frase, un concepto, no sé, cualquier dejadez que hacía que perdiera la confianza en el veterinario de turno.


  Y así me recorrí un montón de clínicas con mis perros.


  Pero gracias a María Conde, que es súper buena gente, y que ha criado a muchos cachorros de perro guía, entre otros al hermano de mi segunda perra,   ella me recomendó a Rogelio y su clínica, ¡y desde entonces es mi veterinario de cabecera.


  A él le ha tocado el ingrato trabajo de dormir a dos de mis perros, y consolarme mil veces cuando se me ponían malitos.
  También me encanta lo realista que es con los animales.
  Y esa naturalidad con la que los trata, ¡y ese cariño!


  Su hija ya está también en la clínica y es igual de profesional, y tan atenta con los perritos.


  He llevado la documentación de la escuela, los análisis, su cartilla y pasaporte, el certificado veterinario, y el de microchip.
  Le han hecho una buena exploración.
  Lo de medir la temperatura a los perros, de verdad ¿no se podría inventar otro método? eso de que te metan el termómetro  en el ojete… ¡no creo que siente muy bien!


  A Goleta tampoco le ha gustado que le miren las orejas con el otoscopio, de hecho ha cabeceado, y ¡ha llorado un poco!


  Tampoco le ha parecido muy bien cuando le han mirado el fondo de ojo con esa luz que le ha molestado bastante, esto lo entiendo, que mis diversas visitas oftalmológicas cuando yo era pequeña, todavía las recuerdo como una pesadilla.


  Ella está bien, sana y feliz.


  Le abrieron ficha, ya está registrada para los análisis obligatorios que nos exige la ley, y para que no se me olviden las vacunas y desparasitaciones.


  ¡No queremos aparecer por allí salvo lo justo y necesario!


  Es inevitable recordar cuando fui a poner a dormir a mis otros perros, y aunque sé que fue lo correcto, mi corazón se encogió un poco hoy.


      Suerte que la alegría de Goleta y sus ganas de ser feliz hacen que esos tristes recuerdos sean más llevaderos.

Ladrando en la nube con Goleta: familias

Sabeis que los perros guía no podrían trabajar ni ser tan grandes profesionales si no fuera gracias a esas familias que de forma altruista y amorosa, dedican horas y horas a unos pequeños cachorros que cuando cumplen un año, vuelven a la escuela para aprender el duro trabajo que en el futuro realizarán a nuestro lado como perros lazarillos.

Goleta de pequeña


  Son gente maravillosa, con una humanidad increíble que los cuidan,  les dan cariño, les enseñan a ir del lado izquierdo, a hacer sus necesidades en la calle,  a socializar con otros perros, y vivir todo  tipo de experiencias para que puedan madurar adecuadamente.


 ¿Que puedo decir? ¡las familias de todas mis perras son maravillosas! yo trato de mantener el contacto con ellos siempre, porque si son familia de mi perra, de alguna manera son familia mía.


Tengo siempre tantas preguntas para hacer, tantas dudas, ¡y como me hubiera gustado conocer a mis perritas de bebés!
  El día que los perros se encuentran con su familia y nosotros, es un día tan especial… lleno de emociones para todos.


  Me imagino a esas familias viendo a sus pequeñines ya grandes, hechos unos profesionales trabajando tan formales, ¡si hasta yo misma me sorprendo cuando siento el trabajo de Goleta!


  Pero en nuestro caso, el covid19 nos ha robado entre otras cosas ese día.
No, no pudo ser ese fantástico encuentro con Marta y su familia.
Las normas de confinamiento, el estado de alarma y la fase cero nos privaron a ellas y a mí de esa orgía de emociones que es el encuentro familiar.


  Todo se redujo a una simple llamada telefónica con el instructor, ¡y poco más!


  Aunque como yo soy cansina, ¡la cosa no quedó así! rápidamente comencé a mandar mensajes a Marta, y bueno ¡que guay!
Ella me mandó fotos de peque, y me contó algunas cosas ¡y yo quiero saberlo todo!


Si Goleta es tan linda, se lo debo a ellas, y estoy tan agradecida….
¡nos cobraremos ese día de la familia pero a lo grande! y lo celebraremos más y mejor que nunca!


  Vaya mi sentido  homenaje a todas las familias que cuidan o han cuidado cachorros de perro guía,  ¡y en estos días en concreto a la familia de Goleta!
¡mil gracias!

Ladrando en la nube con Goleta: ¡al fin solas!

Por un lado es una alegría salir de la disciplina del curso de perros guía, del ritmo diario de paseo, lecciones, consejos y recomendaciones diversas del instructor….


Pero por otro lado…. ¡solas ante el peligro!


  Esas referencias de obstáculos, de cruces mal señalizados, esas distracciones de Goleta las tengo que suponer yo, calibrarlas y actuar en consecuencia.


  Aún siendo veterana en esto, lo cierto es que tengo mis inseguridades en algunos momentos.


  Ayer dimos nuestro primer paseo sin compañía, en un horario temprano donde a penas si caminaba gente, práctica de bordillos, andamios, bolardos y papeleras.


  Ella ralentizaba el paso en cada cruce, y oteaba a lo lejos por si por arte de magia podría aparecer para su alegría Pedro.

Yo le explicaba que ese hombre no le convenía, que es agua pasada, que no vale la pena suspirar por él, que él ya tiene a otra no, ¡a otras muchas esperando!


 Y nada, ella ahí esperando y suspirando  en cada calle.
  Supongo que se le irá pasando poco a poco ¿no?
 

En cambio hoy el paseo ha sido con más calor, he madrugado menos y había más ambiente en las calles.


  El calor de la mascarilla y la pérdida de receptores en la cara, me hacen más difíciles los paseos, y eso que aún no hay tanta gente en la calle como supongo habrá en unas semanas.


  En losprimeros cruces iba algo despistada también, sigue buscando llena de ilusión al instructor.
Aunque al cabo de un rato ya se olvidó y empezamos el trabajo serio que será nuestra rutina diaria.


  Tengo un montón de hojas para rellenar.
  La escuela nos da en papel y en digital una serie de cuestionarios para cumplimentar cada semana por tener una valoración más o menos subjetiva de como va la perrita, si tira, si tiene tensión de arnés, si coge alimentos del suelo…. en fin, una serie de items para valorar el trabajo en general.


  Ya hoy me toca  hacer mi primera valoración. 
  Os estoy dando muchos detalles, lo sé, y tal vez pueda dar la impresión de que la cosa es complicada, que lo es, pero merece la pena, es esta sensación de volar, de sentirme libre a pesar de virus, mascarillas, pasos de cebra y personas por medio. 


  Goleta es impresionante, todo amor, todo felicidad, y también una gran trabajadora.