Ladrando en la nube con Goleta: perros y más perros

   Los que me conocéis, sabéis que mi anterior perra era una magnífica pastora alemana.

   Ella era una perra respetable, que sólo con mirarla, algunos perros preferían cambiar de acera.

   Ni hablar de Xito que aunque nunca fue guía, ha sido tan querido… ese si veía a un perro, él mismo le ladraba, no por nada, sino sólo por el gusto de decirle algunas palabritas.

   Los pastores alemanes son de hacer bastantes sonidos, y Xito, aunque imponía bastante, era incapaz de hacer daño a nadie.

   Yo andaba por la calle con ambos sin preocuparme de nada, ya sabía yo que no me iba a encontrar con ningún perro que se nos acercara.

   Pero con Goleta las cosas son diferentes.

   Ella es muy amigable, más que los pastores, le gusta mirar a cualquier perrito que pase cerca, y quiere saludarlos a todos.

   Si Goleta va guiando, el arnés la contiene mucho, de hecho, en estos casos, mira y desciende su velocidad, pero nada más.

   En cambio, si vamos sólo a correa, ella tira e intenta  decir hola a todo perro que se encuentra.

   ¿Pero qué hay de los perros sueltos? ellos vienen junto a nosotras y aunque ella quiere seguir nuestro camino, a penas si la dejan.

   Yo me veo en la situación de tener que llamar al orden no al perro sino al dueño, porque ¿a quién se le ocurre llevar el perro suelto en la ciudad? el tráfico, la gente, las cosas que se pueden coger del suelo, otros animales, en fin, para mí que es una falta de responsabilidad.

   Y luego están esos perros potencialmente peligrosos, que en realidad quien debería llevar ese nombre serían sus dueños, porque realmente ellos son los agresivos y peligrosos.

   El otro día, íbamos Goleta y yo caminando por la glorieta de Bilbao y se le tiró literalmente un perro de esos malotes, con una dueña incapaz de controlar su perro, que menudo susto que nos dimos las dos.

   Se nos tiró de forma muy agresiva, y ¡que susto! de milagro nos libramos las dos incluso de salir heridas.

   Ahora estamos en una situación muy sensible, empezando a trabajar juntas, no quiero que tenga ninguna experiencia negativa, ni ahora ni nunca por supuesto.

   Apelo al respeto, al cumplimiento de la ley, a la responsabilidad.

   No sólo por Goleta y por mí, sino por todos los demás perros y humanos.

   Todos somos frágiles, y podemos salir heridos en el mejor de los casos.

   Por favor, ni llevéis suelto a vuestro perro salvo en las zonas permitidas o en el campo donde sea posible.

   Elegid perros dóciles para convivir, perros que no sean agresivos, ni fomentéis agresividad en ellos.

   Controlad a vuestros perros, y si no sois capaces, acudid a un profesional, que los hay de todo tipo de tendencias y cualificaciones.

     Y Ante un perro guía, cruzad de acera con vuestra mascota, dejadnos el paso libre para que podamos caminar con tranquilidad.

   Nosotros ya soltamos a nuestros perros, les dejamos jugar y divertirse solos y con otros, cuando es el momento, no somos unos tiranos, nos gusta ver felices a nuestros guías, y disfrutar con ellos.

   Yo sé que los que leéis este blog, sois gente responsable y concienciada.

   Si nos echáis una mano en esto, sería genial, y si lo contáis a otros, mejor todavía.

Ladrando en la nube con Goleta: visita al dentista

El dentista es de esos sitios que me dan pánico.


Siempre que he ido ha sido extrema necesidad, ellos nos engañan, nos dicen que no hacen daño, ¡pero siempre lo hacen!


Eso sin contar la sacudida de cartera que invariablemente nos dan, porque tú vas con un simple dolor de una muela y te acaban quitando hasta las amígdalas.


En mi caso todo comenzó en noviembre, yo tenía programado un viaje a la tumba de Don Antonio Machado, y ni un dolor de muelas iba a quitarme esa alegría y esa emoción de estar ahí, junto al poeta donde pasó sus últimos días.


Visité la clínica más cercana a casa, era una emergencia, y así me atendieron.


Mi dentista es italiano, Francesco, miró mi muela yla sentenció ¡hay que sacar, ¿sacar? ¡si ahí no hay nada! pues si, si que había una raíz la cual, escarbando escarbando, Franchesco la extrajo, y yo me fui con más dolor, y sensación de muela fantasma en mi boca.


No podía comer las cosas ricas de la zona, y andaba enjuagandome con agua y sal todo el rato.


¡Y a partir de ahí os ahorro los detalles!


Un presupuesto de más de mil euros, eso sí, pagados a plazos, tres muelas menos, dos empastes, una limpieza, y un puente que ni los de Calatraba.
Tres días antes del estado de alarma, el artesano de mi puente, empezó a organizar todo, mira que yo me resistía, pero él, que si, que ya es el momento, que en tres pruebas ya no tienes que volver… ¡ja, ja!


Limó mi colmillo precioso, así como un molar maravilloso, y en medio ahí quedaban los espacios donde viviían mis viejas y picadas difuntas muelas.
Me puso una prótesis provisional, y me mandó a casa una vez más con el lado derecho dormido y media cara inflamada.


Supuestamente en la siguiente semana empezarían las pruebas de mi puente, pero mira tú por donde va y se desata una pandemia, y yo ahí me quedé con mi puente a medio hacer, como si de una crisis inmobiliaria se tratara.


La prótesis provisional se despegó a los tres días del estado de alarma, tanto mis muelas fantasma como mis dos muñones de lo que antes fueron mi otra muela y mi colmillo, se me mostraron como algo extraño, ¡y no había manera de masticar!


No sé si eran los nervios del covid19 o mi modo de iniciar mi digestión con tan deficiente masticación, el caso es que mi estómago se empezó a resentir.
Y así llegué hasta el viernes pasado que recibí una llamada de la clínica, que ya me daban cita justo para hoy.


Allí nos hemos encaminado con Goleta de avanzadilla y yo de nuevo aterrorizada.


Bien, debo decir que la perrita se portó genial, echada esperando con paciencia, y sin atacar a mi dentista que de nuevo, torno en mano, me volvió a raspar, limar y yo que sé que tanta cosa.


Además, como había pasado tanto tiempo, tuvo que tomarme medidas de nuevo.


¿Sabeis esa masa asquerosa que hay que morder?
¿Y esa cera caliente para medir la mordida?


Y la otra cosa con olor a pegamento, que yo he salido de la clínica con un colocón que ya sentía que tenía dos perras en vez de una.


En fin, otra vez sin poder comer, sin masticar, con media cara dormida y un dolor aquí en el lado superior derecho.

La prótesis provisional ahora es una cosa rara en mi boca que me molesta hasta para hablar, ¡y tiene grietas por todos sitios!


He comido arroz ¡y se ha rellenado cada grieta con un grano!

Lo único bueno, es darme cuenta lo bien que se ha portado Goleta una vez más, y también, aunque debería ser lo normal, lo bien que se han portado tanto clientes como profesionales con la perrita.

Ladrando en la nube con Goleta: en busca de la mierda perdida ¡haz haz!

 Cuando recibí mi primera perra guía y tuve que aprenderme toda la serie de órdenes que el animalito se sabía y que yo ni idea, sienta, échate, junto, no… y muchas más….  la que más risa me dio fue la de «haz haz!

Goleta con jugete buscando donde hacer
Goleta buscando donde hacer

¿A quien se le ocurriría esa orden?

¿Que que es eso?


Bueno, es esa orden donde sugerimos a nuestros perros que dejen su firma en el asfalto, que dejen sus residuos, que planten un pino, o lo que viene siendo que hagan sus caquitas y pises en el lugar más o menos correcto.


  Yo debo persuadir a la perra con las palabras «haz haz»  que debe ser algo así como tomarse un laxante porque en cuanto empiezo  a dar vueltas correa en mano, al cabo de pocos segundos, aquí mi socia, gira y gira hasta que decide depositar su merienda en el sitio, que según su idea perruna es perfecto.


  Hasta ahí todo bien ¿no?


¿pero que pasa cuando esa socia mía decide seguir dando vueltas y haciendo cacas? cuando se toma literalmente la orden, camina y hace, hace y camina….  y yo ahí, bolsa enguantada en mano, recorro el suelo buscando el ñordo perdido….


    Y no sé por qué, ¡siempre tengo la sensación de que me falta alguno!
  No entiendo eso de andar y cagar a la vez, de verdad, que el gran padre de todos los perros me perdone, ¡pero no lo entiendo! ¡yo sería incapaz!


   He pedido opinión a varios expertos, el instructor sugiere que la ponga en  correa más corta para hacer sus cositas, una amiga, que cuando esté en la infame posición la perrita, yo me ponga delante de su cabeza y así limite sus movimientos, en fin, todo sucede tan de prisa, con el trajín se me cae el bolso, el arnés… ¡un desastre!


  ¡Yo quiero ser buena ciudadana  y recoger bien mis mierdas!
Y a veces es casi imposible.


  Está bien, mi socia y yo somos pareja desde hace bien poco, es nuevo el barrio, los olores y todo, ¡pero ya llevo en la suela de  mi zapatilla más de tres cagadas!

Ladrando en la nube con Goleta: visita al veterinario

Hoy hemos ido a hacer la presentación oficial en la clínica veterinaria donde habitualmente he llevado a mis perros.

No creais que es fácil encontrar el veterinario ideal.


  Yo pensaba que era una buena clienta, tolerante y todo eso, pero parece que no, que no duraba ni medio año con los diferentes veterinarios a los que he ido.


  Era una frase, un concepto, no sé, cualquier dejadez que hacía que perdiera la confianza en el veterinario de turno.


  Y así me recorrí un montón de clínicas con mis perros.


  Pero gracias a María Conde, que es súper buena gente, y que ha criado a muchos cachorros de perro guía, entre otros al hermano de mi segunda perra,   ella me recomendó a Rogelio y su clínica, ¡y desde entonces es mi veterinario de cabecera.


  A él le ha tocado el ingrato trabajo de dormir a dos de mis perros, y consolarme mil veces cuando se me ponían malitos.
  También me encanta lo realista que es con los animales.
  Y esa naturalidad con la que los trata, ¡y ese cariño!


  Su hija ya está también en la clínica y es igual de profesional, y tan atenta con los perritos.


  He llevado la documentación de la escuela, los análisis, su cartilla y pasaporte, el certificado veterinario, y el de microchip.
  Le han hecho una buena exploración.
  Lo de medir la temperatura a los perros, de verdad ¿no se podría inventar otro método? eso de que te metan el termómetro  en el ojete… ¡no creo que siente muy bien!


  A Goleta tampoco le ha gustado que le miren las orejas con el otoscopio, de hecho ha cabeceado, y ¡ha llorado un poco!


  Tampoco le ha parecido muy bien cuando le han mirado el fondo de ojo con esa luz que le ha molestado bastante, esto lo entiendo, que mis diversas visitas oftalmológicas cuando yo era pequeña, todavía las recuerdo como una pesadilla.


  Ella está bien, sana y feliz.


  Le abrieron ficha, ya está registrada para los análisis obligatorios que nos exige la ley, y para que no se me olviden las vacunas y desparasitaciones.


  ¡No queremos aparecer por allí salvo lo justo y necesario!


  Es inevitable recordar cuando fui a poner a dormir a mis otros perros, y aunque sé que fue lo correcto, mi corazón se encogió un poco hoy.


      Suerte que la alegría de Goleta y sus ganas de ser feliz hacen que esos tristes recuerdos sean más llevaderos.

Ladrando en la nube con Goleta: familias

Sabeis que los perros guía no podrían trabajar ni ser tan grandes profesionales si no fuera gracias a esas familias que de forma altruista y amorosa, dedican horas y horas a unos pequeños cachorros que cuando cumplen un año, vuelven a la escuela para aprender el duro trabajo que en el futuro realizarán a nuestro lado como perros lazarillos.

Goleta de pequeña


  Son gente maravillosa, con una humanidad increíble que los cuidan,  les dan cariño, les enseñan a ir del lado izquierdo, a hacer sus necesidades en la calle,  a socializar con otros perros, y vivir todo  tipo de experiencias para que puedan madurar adecuadamente.


 ¿Que puedo decir? ¡las familias de todas mis perras son maravillosas! yo trato de mantener el contacto con ellos siempre, porque si son familia de mi perra, de alguna manera son familia mía.


Tengo siempre tantas preguntas para hacer, tantas dudas, ¡y como me hubiera gustado conocer a mis perritas de bebés!
  El día que los perros se encuentran con su familia y nosotros, es un día tan especial… lleno de emociones para todos.


  Me imagino a esas familias viendo a sus pequeñines ya grandes, hechos unos profesionales trabajando tan formales, ¡si hasta yo misma me sorprendo cuando siento el trabajo de Goleta!


  Pero en nuestro caso, el covid19 nos ha robado entre otras cosas ese día.
No, no pudo ser ese fantástico encuentro con Marta y su familia.
Las normas de confinamiento, el estado de alarma y la fase cero nos privaron a ellas y a mí de esa orgía de emociones que es el encuentro familiar.


  Todo se redujo a una simple llamada telefónica con el instructor, ¡y poco más!


  Aunque como yo soy cansina, ¡la cosa no quedó así! rápidamente comencé a mandar mensajes a Marta, y bueno ¡que guay!
Ella me mandó fotos de peque, y me contó algunas cosas ¡y yo quiero saberlo todo!


Si Goleta es tan linda, se lo debo a ellas, y estoy tan agradecida….
¡nos cobraremos ese día de la familia pero a lo grande! y lo celebraremos más y mejor que nunca!


  Vaya mi sentido  homenaje a todas las familias que cuidan o han cuidado cachorros de perro guía,  ¡y en estos días en concreto a la familia de Goleta!
¡mil gracias!

Ladrando en la nube con Goleta: ¡al fin solas!

Por un lado es una alegría salir de la disciplina del curso de perros guía, del ritmo diario de paseo, lecciones, consejos y recomendaciones diversas del instructor….


Pero por otro lado…. ¡solas ante el peligro!


  Esas referencias de obstáculos, de cruces mal señalizados, esas distracciones de Goleta las tengo que suponer yo, calibrarlas y actuar en consecuencia.


  Aún siendo veterana en esto, lo cierto es que tengo mis inseguridades en algunos momentos.


  Ayer dimos nuestro primer paseo sin compañía, en un horario temprano donde a penas si caminaba gente, práctica de bordillos, andamios, bolardos y papeleras.


  Ella ralentizaba el paso en cada cruce, y oteaba a lo lejos por si por arte de magia podría aparecer para su alegría Pedro.

Yo le explicaba que ese hombre no le convenía, que es agua pasada, que no vale la pena suspirar por él, que él ya tiene a otra no, ¡a otras muchas esperando!


 Y nada, ella ahí esperando y suspirando  en cada calle.
  Supongo que se le irá pasando poco a poco ¿no?
 

En cambio hoy el paseo ha sido con más calor, he madrugado menos y había más ambiente en las calles.


  El calor de la mascarilla y la pérdida de receptores en la cara, me hacen más difíciles los paseos, y eso que aún no hay tanta gente en la calle como supongo habrá en unas semanas.


  En losprimeros cruces iba algo despistada también, sigue buscando llena de ilusión al instructor.
Aunque al cabo de un rato ya se olvidó y empezamos el trabajo serio que será nuestra rutina diaria.


  Tengo un montón de hojas para rellenar.
  La escuela nos da en papel y en digital una serie de cuestionarios para cumplimentar cada semana por tener una valoración más o menos subjetiva de como va la perrita, si tira, si tiene tensión de arnés, si coge alimentos del suelo…. en fin, una serie de items para valorar el trabajo en general.


  Ya hoy me toca  hacer mi primera valoración. 
  Os estoy dando muchos detalles, lo sé, y tal vez pueda dar la impresión de que la cosa es complicada, que lo es, pero merece la pena, es esta sensación de volar, de sentirme libre a pesar de virus, mascarillas, pasos de cebra y personas por medio. 


  Goleta es impresionante, todo amor, todo felicidad, y también una gran trabajadora.

Ladrando en la nube con Goleta, ¡día de examen!

Es tradicional en mi instructor, que el último día de emparejamiento hagamos una ruta más o menos solas ante el peligro, ¡y esta vez no iba a ser menos!

Goleta de cachorro soñando con ser perro guía
Goleta de cachorro soñando con ser perro guía


  Goleta ya está súper adaptada en casa, incluso su estómago de 75 por ciento de labrador, calcula perfectamente cuando es la hora de la cena, y así me lo notifica cada vez de forma menos sutil, por si a caso se me olvida….


  Hoy por la mañana ha sido la gran prueba, desde Luchana hasta el museo arqueológico, digamos que ese ha sido el examen, así, sin anestesia.
  El primer tramo desde Covarrubias hasta Sagasta, más o menos, un par de coches sobre la acera, la cola sin distanciamiento social de la droguería, que ya les he llamado la atención, y recto al cruce para llegar a Alonso Martínez.


  Estos cruces extraños con dos carriles con el semáforo en distinto lugar, el cual hay que localizar en el centro del cruce con tráfico a ambos lados.
Este tipo de cruces son algo estresantes, el ruido, la gente, y mi preocupación por si la perra se sale algo de la estrecha acera, lo sé, lo sé, ella es lista, pero el miedo es libre.


  Parada en viena Capellanes, porque ayer también paramos a pedir un café para llevar, y Goleta pensó por un momento si queríamos tomarnos otra vez algo.
¡un detalle de su parte!


  Es lo grande de los perros, ¡siempre recuerdan todos los sitios donde van!
  Y por fin llegamos a Colón:
Es un lugar con mucho tráfico, y eso que aún estamos en la 0,5 fase.
Es complicado encontrar el paso de cebra porque no están alineados tampoco, además hay cesped, bancos, gente, árboles…. Pero logramos localizar los otros dos semáforos y enfilamos la calle Alcalá con mucha dignidad.


  A Goleta le sigue gustando ir cerca de los árboles, yo, después del aterrizaje de ayer, les tengo bastante respeto, mas que nada por los alcorques.
  ¡Y llegamos al museo arqueológico! está cerrado, porsupuesto, pero le prometí que vendríamos algún día de nuevo, porque es uno de mis museos favoritos.
Hay muchas cosas para tocar, y maquetas casi a escala real.


  De nuevo retomamos ruta y de vuelta a casa ya más relajadas.
  La firma del contrato con la escuela de perros guía, informes veterinarios, seguro, instrucciones diversas, ¡mil papeles!
Pero lo más importante, ¡la medalla acreditativa de que Goleta ya es perra guía oficial!


  Cuando coloqué el distintivo en su collar de trabajo, ¡deberían haber sonado fanfarrias y tambores!


Pero Sólo estábamos el instructor y yo, yo sentí una gran emoción, la suerte estaba echada, y nuestra unión quedó sellada.


  Soy consciente,queda todo por hacer, y a partir de mañana estaremos solas ante el peligro, pero con voluntad y paciencia estoy segura de que seremos capaces de llegar a cualquier sitio.


  ¡Y seguiremos contando nuestras aventuras!

Ladrando en la nube con Goleta, bajando al metro y tomando el pulso a la ciudad

Poco a poco las cosas se nos complican a Goleta y a mí.

Foto de Salvi con goleta en Madrid


  La ciudad y su disposición, desde luego no nos lo ponen nada fácil.
  Hoy teníamos que ir al metro.


    Como usuaria veterana, tengo ciertas ventajas en cuanto al manejo de la perrita, pero también desventajas, una de ellas es que aún no estoy totalmente acoplada a su paso y a sus señales, y esto me confunde, y supongo que a ella también.


  En un cruce con Santa Engracia donde justo el paso de cebra está frente a un árbol, que no sé qué diseñador de ciudades o de árboles se le ocurrió semejante idea, porque no solo es problema para mí, sino también para personas en sillas de ruedas y carritos de bebés, pues he tenido mi caída del curso.


  Cada nueva perra, sistemáticamente tiene ese riesgo en el entrenamiento, caerse está asumido como daño colateral, duele más la autoestima que el rodillazo en sí.


Al hacer el giro a la derecha desde el cruce, Goleta me señaló que debía esquivar el alcorque del árbol, pero yo, ni estaba atenta a ello, ni concentrada en el camino, y así fue como aterricé, ¡y eso que el instructor incluso lo vio venir y me avisó!


  En fin, si me preocupé sobre todo fue por ella, por si se asustaba con mi caída.
  Ahora, en esta etapa cualquier cosita puede ser traumática, son muchos cambios, casa nueva, amigos nuevos, olores nuevos.
Y yo, ahí que no siempre sé actuar rápido y adecuadamente.


  Si bien mi mentalidad y mi actitud para caminar siempre es positiva, está ese miedo y ese estrés que hay que superar en el día a día.
  No estoy segura, y lo quiero contrastar, pero siento que la mascarilla me quita  algo de movilidad.


  Además, desde agosto que no tengo perro guía, aprendí de nuevo a tomar nuevas referencias, más pegada a la pared, y Goleta suele acercarse más en su camino hacia los árboles.
En parte mejor, porque hay menos obstáculos que salvar, pero por otro lado, yo voy más insegura.
  Estos días son así.
  Donde si que ha mostrado un trabajo escelente para mí, ha sido en el metro.


Si bien es cierto que en la fase cero a penas si había público, ella realmente ha salvado las escaleras automáticas genial, yo no me atrevía a agarrarme de la barra vertical del metro, ni tampoco poner la mano sobre la baranda en escaleras, ¡efecto coronavirus! lo cual es otra pérdida de más referencias y dar más confianza a la perra.


  No le dan miedo los tornos para pagar, ni al entrar y salir del vagón, espera tranquila en el andén y me ha gustado mucho sentir que está segura y va sin temor.


    Otro momento bonito ha sido la presentación de Goleta a Kely, otra de las perras guía de la clínica, ha sido, como dice el instructor, en terreno neutral, en la calle, se han olido, y la cosa ha ido bien.
  Luego han estado los tres tan formales en la recepción de la clínica, Yoki, Kely y Goletta,  ¡como si fueran amigos de toda la vida!
  ¡Y qué calor!
  Ahora cepillado y a relajarnos un rato, ¡que nos lo merecemos las dos!

Ladrando en la nube con Goleta, desde Chamberí a sol

Hoy el día ha dado bastante de sí.


  Hemos comenzado pronto, porque al final de la mañana realmente aprieta el calor en Madrid, los 30 grados al sol caminando con mascarilla y perra joven, se me hace algo duro.


  La ruta realmente ha sido complicada, en Luchana las obras del metro, por fuencarral, los de las pequeñas tiendas tratando de abrir de nuevo, cajas en la calle, contenedores, gente, y algún que otro perro.


  De encontrarme con perros, ya os contaré otro día, porque la cosa da mucho de sí.

En las calles peatonales todo va bien, y caminamos en el centro, pero cuando llega un veículo de permiso, hí hay que manejar las órdenes correctamente.


  Goleta se lo sabe genial, pero a mí, acostumbrada a mi difunta perra, que casi me adivinaba el pensamiento, yo he tenido que reciclarme.
  Cuando hemos llegado a la puerta del sol, ha sido impresionante, los bolardos gigantes a ambos lados de nosotras, y menos mal que había poca gente.


  Hoy el instructor se ha movido m´s de nuestro lado, la perra lo busca, claro, de momento es más referencia que yo.


  Ahora ni podemos tomar un refresco, bares cerrados, ni podemos sentarnos en un banco a descansar, pero no importa, sólo la alegría de volver a las calles vale la pena.


  Y de vuelta otra vez a casa, le he pedido a Pedro si le puedo hacer una entrevista sobre Goleta, y ¡aquí os lo dejo!

      Realmente es interesante.
¡Se puede aprender mucho de perros!

Buen viaje Xito

Sé que era de esperar, que en cualquier momento podía suceder.

Que la edad, que el perrito era viejo y con su artrosis, que los pastores alemanes, que sus caderas, el frío y lo que querais. Se me fue mi perro Xito, suave  y juguetón, parecía broma, pero  nada más triste que la realidad en este momento.

Xito cachorro
Xito Cachorro

 Nunca sabes cuando llegará, pero cuando llega es como esa angustia que entra por tu garganta, no te deja tragar, el estómago es una bola de clavos pinchando y raspando por dentro.

Es el dolor del adiós, el de no te voy a tocar más, no te voy a rascar más, ni encontraré tus pelos, ni oleré tu aroma perruno, ni escucharé tus patas cansadas caminando hacia mí. No encontraré tu peludo cuerpo en cualquier rincón de casa. No estará tu morro cada vez que estire mi mano. Ni cada vez que abra una bolsa de plástico. Nada oiré cuando suene el timbre, ni cuando haya otros perros cerca.

Nada sentiré cuando avance  la noche, cuando los fantasmas vengan y tú no les ladres.

  14 años de compañero, losé, no es cualquier cosa.

Ratos de jugar y correr, de ladrar y perseguir.

Paseos de playa y campo, nervios  y alegrías. Y cada mañana al despertar, como si cada día fuera mi cumpleaños, una verdadera fiesta. De cachorrito infatigable  a maduro seductor y abuelo tranquilo.

  Y esa infatigable manera de vivir cada momento como si no hubiera nada más importante.

Esa concentración persistente en un olor, un juguete, un sonido. Siempre bromeamos contigo, no pudiste ser perro guía, ¡que va! ¡con lo bien que se está en casita! tú podrías haber sido lo que tu quisieras, ¡pero nada como en casa!

Tu máxima felicidad, vigilarnos a todos, todos juntos, nada de dispersarse, la familia unida, los amigos juntos, los perros también, ¡y¡nada de discusiones! ese eras tú. Poderoso Xito, divertido y amoroso a la vez.

Con un corazón del tamaño del universo, por eso no resististe de tanto amor.

  Soñamos con regalarte alguna vez un rebaño de cabras para que tu instinto de pastor las sacara a pasear; también imaginamos si hubieras sido perro policía, o de rescate, pero por tus ladridos, Paloma, que siempre da en el clavo, acabó llamándote perro Poligonero.

¿y que podemos decir de tus conciertos en el cercadillo? aún cuando ni un perro pasaba, tú alerta, espectante a ver si había que ladrar a algo.

  Los mejores agujeros en la arena, ¡esos eran los tuyos!Las mejores carreras, ¡y  los  mejores tesoros encontrabas! Y en estos últimos meses, con mi tristeza, bien sabías tú que no podías dejarme sola con mi pena.

Haciéndote el fuerte, el amable para que yo fuera feliz.

Y los paseos al sol, para fijar calcio, medicinas y veterinario, sufrimiento, dolor, y una grandeza ante los cambios, una aceptación de tu imposibilidad, una valentía, que lo pienso y no dejo de llorar. Otro ejemplo más para mí, en estos últimos seis meses, la vida me ha regalado el ejemplo de vosotros  mis dos perros, cada uno a su manera, me habeis  enseñado más que la gente.

         El amor incondicional, el respeto, la dignidad, la grandeza, la aceptación de un final anunciado que aún no acierto a entender. En el dolor de mi corazón, en  un rasquicio de odiosa razón razonable, he soltado tu collar,   he abierto mi mano para que puedas volar al otro lado del arco iris, donde te esperan tus hermanos, Nevi, Bimba, Heidi, Tais, Lila, Fica, Yeco, Guille, Poker  Ouiphi+, y tantos otros….    y  donde esperamos ir algún día para de nuevo volver a estar y disfrutar contigo.

  Buen viaje, ¡Xito!