Ladrando en la nube con Goleta: familias

Sabeis que los perros guía no podrían trabajar ni ser tan grandes profesionales si no fuera gracias a esas familias que de forma altruista y amorosa, dedican horas y horas a unos pequeños cachorros que cuando cumplen un año, vuelven a la escuela para aprender el duro trabajo que en el futuro realizarán a nuestro lado como perros lazarillos.

Goleta de pequeña


  Son gente maravillosa, con una humanidad increíble que los cuidan,  les dan cariño, les enseñan a ir del lado izquierdo, a hacer sus necesidades en la calle,  a socializar con otros perros, y vivir todo  tipo de experiencias para que puedan madurar adecuadamente.


 ¿Que puedo decir? ¡las familias de todas mis perras son maravillosas! yo trato de mantener el contacto con ellos siempre, porque si son familia de mi perra, de alguna manera son familia mía.


Tengo siempre tantas preguntas para hacer, tantas dudas, ¡y como me hubiera gustado conocer a mis perritas de bebés!
  El día que los perros se encuentran con su familia y nosotros, es un día tan especial… lleno de emociones para todos.


  Me imagino a esas familias viendo a sus pequeñines ya grandes, hechos unos profesionales trabajando tan formales, ¡si hasta yo misma me sorprendo cuando siento el trabajo de Goleta!


  Pero en nuestro caso, el covid19 nos ha robado entre otras cosas ese día.
No, no pudo ser ese fantástico encuentro con Marta y su familia.
Las normas de confinamiento, el estado de alarma y la fase cero nos privaron a ellas y a mí de esa orgía de emociones que es el encuentro familiar.


  Todo se redujo a una simple llamada telefónica con el instructor, ¡y poco más!


  Aunque como yo soy cansina, ¡la cosa no quedó así! rápidamente comencé a mandar mensajes a Marta, y bueno ¡que guay!
Ella me mandó fotos de peque, y me contó algunas cosas ¡y yo quiero saberlo todo!


Si Goleta es tan linda, se lo debo a ellas, y estoy tan agradecida….
¡nos cobraremos ese día de la familia pero a lo grande! y lo celebraremos más y mejor que nunca!


  Vaya mi sentido  homenaje a todas las familias que cuidan o han cuidado cachorros de perro guía,  ¡y en estos días en concreto a la familia de Goleta!
¡mil gracias!

Ladrando en la nube con Goleta: ¡al fin solas!

Por un lado es una alegría salir de la disciplina del curso de perros guía, del ritmo diario de paseo, lecciones, consejos y recomendaciones diversas del instructor….


Pero por otro lado…. ¡solas ante el peligro!


  Esas referencias de obstáculos, de cruces mal señalizados, esas distracciones de Goleta las tengo que suponer yo, calibrarlas y actuar en consecuencia.


  Aún siendo veterana en esto, lo cierto es que tengo mis inseguridades en algunos momentos.


  Ayer dimos nuestro primer paseo sin compañía, en un horario temprano donde a penas si caminaba gente, práctica de bordillos, andamios, bolardos y papeleras.


  Ella ralentizaba el paso en cada cruce, y oteaba a lo lejos por si por arte de magia podría aparecer para su alegría Pedro.

Yo le explicaba que ese hombre no le convenía, que es agua pasada, que no vale la pena suspirar por él, que él ya tiene a otra no, ¡a otras muchas esperando!


 Y nada, ella ahí esperando y suspirando  en cada calle.
  Supongo que se le irá pasando poco a poco ¿no?
 

En cambio hoy el paseo ha sido con más calor, he madrugado menos y había más ambiente en las calles.


  El calor de la mascarilla y la pérdida de receptores en la cara, me hacen más difíciles los paseos, y eso que aún no hay tanta gente en la calle como supongo habrá en unas semanas.


  En losprimeros cruces iba algo despistada también, sigue buscando llena de ilusión al instructor.
Aunque al cabo de un rato ya se olvidó y empezamos el trabajo serio que será nuestra rutina diaria.


  Tengo un montón de hojas para rellenar.
  La escuela nos da en papel y en digital una serie de cuestionarios para cumplimentar cada semana por tener una valoración más o menos subjetiva de como va la perrita, si tira, si tiene tensión de arnés, si coge alimentos del suelo…. en fin, una serie de items para valorar el trabajo en general.


  Ya hoy me toca  hacer mi primera valoración. 
  Os estoy dando muchos detalles, lo sé, y tal vez pueda dar la impresión de que la cosa es complicada, que lo es, pero merece la pena, es esta sensación de volar, de sentirme libre a pesar de virus, mascarillas, pasos de cebra y personas por medio. 


  Goleta es impresionante, todo amor, todo felicidad, y también una gran trabajadora.

Ladrando en la nube con Goleta, ¡día de examen!

Es tradicional en mi instructor, que el último día de emparejamiento hagamos una ruta más o menos solas ante el peligro, ¡y esta vez no iba a ser menos!

Goleta de cachorro soñando con ser perro guía
Goleta de cachorro soñando con ser perro guía


  Goleta ya está súper adaptada en casa, incluso su estómago de 75 por ciento de labrador, calcula perfectamente cuando es la hora de la cena, y así me lo notifica cada vez de forma menos sutil, por si a caso se me olvida….


  Hoy por la mañana ha sido la gran prueba, desde Luchana hasta el museo arqueológico, digamos que ese ha sido el examen, así, sin anestesia.
  El primer tramo desde Covarrubias hasta Sagasta, más o menos, un par de coches sobre la acera, la cola sin distanciamiento social de la droguería, que ya les he llamado la atención, y recto al cruce para llegar a Alonso Martínez.


  Estos cruces extraños con dos carriles con el semáforo en distinto lugar, el cual hay que localizar en el centro del cruce con tráfico a ambos lados.
Este tipo de cruces son algo estresantes, el ruido, la gente, y mi preocupación por si la perra se sale algo de la estrecha acera, lo sé, lo sé, ella es lista, pero el miedo es libre.


  Parada en viena Capellanes, porque ayer también paramos a pedir un café para llevar, y Goleta pensó por un momento si queríamos tomarnos otra vez algo.
¡un detalle de su parte!


  Es lo grande de los perros, ¡siempre recuerdan todos los sitios donde van!
  Y por fin llegamos a Colón:
Es un lugar con mucho tráfico, y eso que aún estamos en la 0,5 fase.
Es complicado encontrar el paso de cebra porque no están alineados tampoco, además hay cesped, bancos, gente, árboles…. Pero logramos localizar los otros dos semáforos y enfilamos la calle Alcalá con mucha dignidad.


  A Goleta le sigue gustando ir cerca de los árboles, yo, después del aterrizaje de ayer, les tengo bastante respeto, mas que nada por los alcorques.
  ¡Y llegamos al museo arqueológico! está cerrado, porsupuesto, pero le prometí que vendríamos algún día de nuevo, porque es uno de mis museos favoritos.
Hay muchas cosas para tocar, y maquetas casi a escala real.


  De nuevo retomamos ruta y de vuelta a casa ya más relajadas.
  La firma del contrato con la escuela de perros guía, informes veterinarios, seguro, instrucciones diversas, ¡mil papeles!
Pero lo más importante, ¡la medalla acreditativa de que Goleta ya es perra guía oficial!


  Cuando coloqué el distintivo en su collar de trabajo, ¡deberían haber sonado fanfarrias y tambores!


Pero Sólo estábamos el instructor y yo, yo sentí una gran emoción, la suerte estaba echada, y nuestra unión quedó sellada.


  Soy consciente,queda todo por hacer, y a partir de mañana estaremos solas ante el peligro, pero con voluntad y paciencia estoy segura de que seremos capaces de llegar a cualquier sitio.


  ¡Y seguiremos contando nuestras aventuras!

Ladrando en la nube con Goleta, bajando al metro y tomando el pulso a la ciudad

Poco a poco las cosas se nos complican a Goleta y a mí.

Foto de Salvi con goleta en Madrid


  La ciudad y su disposición, desde luego no nos lo ponen nada fácil.
  Hoy teníamos que ir al metro.


    Como usuaria veterana, tengo ciertas ventajas en cuanto al manejo de la perrita, pero también desventajas, una de ellas es que aún no estoy totalmente acoplada a su paso y a sus señales, y esto me confunde, y supongo que a ella también.


  En un cruce con Santa Engracia donde justo el paso de cebra está frente a un árbol, que no sé qué diseñador de ciudades o de árboles se le ocurrió semejante idea, porque no solo es problema para mí, sino también para personas en sillas de ruedas y carritos de bebés, pues he tenido mi caída del curso.


  Cada nueva perra, sistemáticamente tiene ese riesgo en el entrenamiento, caerse está asumido como daño colateral, duele más la autoestima que el rodillazo en sí.


Al hacer el giro a la derecha desde el cruce, Goleta me señaló que debía esquivar el alcorque del árbol, pero yo, ni estaba atenta a ello, ni concentrada en el camino, y así fue como aterricé, ¡y eso que el instructor incluso lo vio venir y me avisó!


  En fin, si me preocupé sobre todo fue por ella, por si se asustaba con mi caída.
  Ahora, en esta etapa cualquier cosita puede ser traumática, son muchos cambios, casa nueva, amigos nuevos, olores nuevos.
Y yo, ahí que no siempre sé actuar rápido y adecuadamente.


  Si bien mi mentalidad y mi actitud para caminar siempre es positiva, está ese miedo y ese estrés que hay que superar en el día a día.
  No estoy segura, y lo quiero contrastar, pero siento que la mascarilla me quita  algo de movilidad.


  Además, desde agosto que no tengo perro guía, aprendí de nuevo a tomar nuevas referencias, más pegada a la pared, y Goleta suele acercarse más en su camino hacia los árboles.
En parte mejor, porque hay menos obstáculos que salvar, pero por otro lado, yo voy más insegura.
  Estos días son así.
  Donde si que ha mostrado un trabajo escelente para mí, ha sido en el metro.


Si bien es cierto que en la fase cero a penas si había público, ella realmente ha salvado las escaleras automáticas genial, yo no me atrevía a agarrarme de la barra vertical del metro, ni tampoco poner la mano sobre la baranda en escaleras, ¡efecto coronavirus! lo cual es otra pérdida de más referencias y dar más confianza a la perra.


  No le dan miedo los tornos para pagar, ni al entrar y salir del vagón, espera tranquila en el andén y me ha gustado mucho sentir que está segura y va sin temor.


    Otro momento bonito ha sido la presentación de Goleta a Kely, otra de las perras guía de la clínica, ha sido, como dice el instructor, en terreno neutral, en la calle, se han olido, y la cosa ha ido bien.
  Luego han estado los tres tan formales en la recepción de la clínica, Yoki, Kely y Goletta,  ¡como si fueran amigos de toda la vida!
  ¡Y qué calor!
  Ahora cepillado y a relajarnos un rato, ¡que nos lo merecemos las dos!

Ladrando en la nube con Goleta, desde Chamberí a sol

Hoy el día ha dado bastante de sí.


  Hemos comenzado pronto, porque al final de la mañana realmente aprieta el calor en Madrid, los 30 grados al sol caminando con mascarilla y perra joven, se me hace algo duro.


  La ruta realmente ha sido complicada, en Luchana las obras del metro, por fuencarral, los de las pequeñas tiendas tratando de abrir de nuevo, cajas en la calle, contenedores, gente, y algún que otro perro.


  De encontrarme con perros, ya os contaré otro día, porque la cosa da mucho de sí.

En las calles peatonales todo va bien, y caminamos en el centro, pero cuando llega un veículo de permiso, hí hay que manejar las órdenes correctamente.


  Goleta se lo sabe genial, pero a mí, acostumbrada a mi difunta perra, que casi me adivinaba el pensamiento, yo he tenido que reciclarme.
  Cuando hemos llegado a la puerta del sol, ha sido impresionante, los bolardos gigantes a ambos lados de nosotras, y menos mal que había poca gente.


  Hoy el instructor se ha movido m´s de nuestro lado, la perra lo busca, claro, de momento es más referencia que yo.


  Ahora ni podemos tomar un refresco, bares cerrados, ni podemos sentarnos en un banco a descansar, pero no importa, sólo la alegría de volver a las calles vale la pena.


  Y de vuelta otra vez a casa, le he pedido a Pedro si le puedo hacer una entrevista sobre Goleta, y ¡aquí os lo dejo!

      Realmente es interesante.
¡Se puede aprender mucho de perros!

Buen viaje Xito

Sé que era de esperar, que en cualquier momento podía suceder.

Que la edad, que el perrito era viejo y con su artrosis, que los pastores alemanes, que sus caderas, el frío y lo que querais. Se me fue mi perro Xito, suave  y juguetón, parecía broma, pero  nada más triste que la realidad en este momento.

Xito cachorro
Xito Cachorro

 Nunca sabes cuando llegará, pero cuando llega es como esa angustia que entra por tu garganta, no te deja tragar, el estómago es una bola de clavos pinchando y raspando por dentro.

Es el dolor del adiós, el de no te voy a tocar más, no te voy a rascar más, ni encontraré tus pelos, ni oleré tu aroma perruno, ni escucharé tus patas cansadas caminando hacia mí. No encontraré tu peludo cuerpo en cualquier rincón de casa. No estará tu morro cada vez que estire mi mano. Ni cada vez que abra una bolsa de plástico. Nada oiré cuando suene el timbre, ni cuando haya otros perros cerca.

Nada sentiré cuando avance  la noche, cuando los fantasmas vengan y tú no les ladres.

  14 años de compañero, losé, no es cualquier cosa.

Ratos de jugar y correr, de ladrar y perseguir.

Paseos de playa y campo, nervios  y alegrías. Y cada mañana al despertar, como si cada día fuera mi cumpleaños, una verdadera fiesta. De cachorrito infatigable  a maduro seductor y abuelo tranquilo.

  Y esa infatigable manera de vivir cada momento como si no hubiera nada más importante.

Esa concentración persistente en un olor, un juguete, un sonido. Siempre bromeamos contigo, no pudiste ser perro guía, ¡que va! ¡con lo bien que se está en casita! tú podrías haber sido lo que tu quisieras, ¡pero nada como en casa!

Tu máxima felicidad, vigilarnos a todos, todos juntos, nada de dispersarse, la familia unida, los amigos juntos, los perros también, ¡y¡nada de discusiones! ese eras tú. Poderoso Xito, divertido y amoroso a la vez.

Con un corazón del tamaño del universo, por eso no resististe de tanto amor.

  Soñamos con regalarte alguna vez un rebaño de cabras para que tu instinto de pastor las sacara a pasear; también imaginamos si hubieras sido perro policía, o de rescate, pero por tus ladridos, Paloma, que siempre da en el clavo, acabó llamándote perro Poligonero.

¿y que podemos decir de tus conciertos en el cercadillo? aún cuando ni un perro pasaba, tú alerta, espectante a ver si había que ladrar a algo.

  Los mejores agujeros en la arena, ¡esos eran los tuyos!Las mejores carreras, ¡y  los  mejores tesoros encontrabas! Y en estos últimos meses, con mi tristeza, bien sabías tú que no podías dejarme sola con mi pena.

Haciéndote el fuerte, el amable para que yo fuera feliz.

Y los paseos al sol, para fijar calcio, medicinas y veterinario, sufrimiento, dolor, y una grandeza ante los cambios, una aceptación de tu imposibilidad, una valentía, que lo pienso y no dejo de llorar. Otro ejemplo más para mí, en estos últimos seis meses, la vida me ha regalado el ejemplo de vosotros  mis dos perros, cada uno a su manera, me habeis  enseñado más que la gente.

         El amor incondicional, el respeto, la dignidad, la grandeza, la aceptación de un final anunciado que aún no acierto a entender. En el dolor de mi corazón, en  un rasquicio de odiosa razón razonable, he soltado tu collar,   he abierto mi mano para que puedas volar al otro lado del arco iris, donde te esperan tus hermanos, Nevi, Bimba, Heidi, Tais, Lila, Fica, Yeco, Guille, Poker  Ouiphi+, y tantos otros….    y  donde esperamos ir algún día para de nuevo volver a estar y disfrutar contigo.

  Buen viaje, ¡Xito!

In Memoriam

Ayer de mañana, da igual cuando leas este texto, ayer, mi socia, mi compañera de aventuras, mi cómplice mi perra guía, ¡se le fue la vida a chorros.

     Una hemorragia interna en el bazo se la llevó volando.

Desde entonces estoy sola, triste, desolada. Mi casa está vacía, su camita silenciosa.

     La calle es un monstruo terrible y hostil que me amenaza, quiere devorarme y acabar conmigo.

     Echo de menos todo, su pelo, su ilusión, su pata de adelante, sus orejas bailando, su cola esponjosa, su olor dulce a animal….

Se fue volando y no me dio tiempo ni de decirle adiós.

   Alguien me envió esta frase:

“la gente viene al mundo para aprender a vivir una buena vida, cómo amar a los demás todo el rato y ser buena persona, bueno, como los perros ya nacen sabiendo cómo hacer todo esto, no tienen que quedarse tanto tiempo como nosotros”

   Hermosa frase,  ¡pero yo quería más tiempo!

   Mi perrita, mi ejemplo, mi modelo a seguir.

¡todos los valores que yo con mucho trabajo debo aprender y practicar!

   Fiel, tolerante, libre,  amorosa, suave, dulce, disfrutona, llena de alegría, divertida, siempre con ganas de jugar, siempre con ganas de agradar…

¡Quiero ser como ella!

         Aprender a ser feliz en la locura del trabajo y la alegría del tiempo libre. Aprender a sentir el sol de invierno y la frescura de la brisa del verano.

         Aprender a soñar con todo mi cuerpo, con toda mi alma en movimiento. Disfrutar comiendo y bebiendo como si fuera lo único que hay que hacer.

         Esperar cada mañana a salir al mundo con la ilusión  siempre, buscando lo mejor, lo más bueno del día.

      Permanecer firme en las decisiones con la confianza íntegra y noble.

       Aprender a escuchar en silencio y arreglarlo todo con un lametón.

       ¡Yo quiero ser como ella!

No quiero que se me olvide.

   Debo salir a la ciudad, golpearme y tropezar para no olvidar que ella estuvo ahí y que nunca, nunca dejó que las cosas fueran mal.

   El mundo seguirá, no comprendo cómo, pero seguro continuará.

Los coches, el sol, la gente, todos recorrerán sus caminos.

Mientras, yo estoy aquí parada esperando a reponer fuerzas para ser como ella y demostrarle que puedo llegarle un poco a la planta de sus pies y con más ganas que nunca de salir volando a buscarla.

Bimba, eres inmortal

 27 de diciembre de 2016. Yo creí que eras inmortal, que tu sombra y la mía irían cuerpo con cuerpo a todos

sitios, que tu tacto en mi mano, tu olor, tus pisadas serían eternas en mi día a día.

 Recuerdo cuando oí hablar de ti: es labradora, medianita, blanca, es seria y firme en su
trabajo, vale la pena, de verdad que vale la pena….

 Y llegó el día en que te conocí: sí, así, suave alegre, cachorrita imparable, divertida,
con cara de payasete.  

 También conocí a tu familia, a tu imagen y semejanza, entre ellos y yo, la complicidad
para siempre de algo tan bonito compartido como tu presencia. 

Tus juegos, tus manías, tus gustos, tus preocupaciones…

 Aprendimos juntas de nuevo a ser libres, a caminar el mundo sin miedos, cruzamos
calles, recorrimos caminos, viajamos hasta el infinito.  

 Mi vida volvió a ser magia contigo.

 Mi alegría era tu alegría, tu dolor mi dolor.

Hiciste magia en mitrabajo, en mi hospital con los pacientes, los compañeros. Ahí
conquistaste el corazón de todos, pero sobre todo, el de tu madrina favorita, Paloma,  que comprendía tu pensamiento mejor que tú misma.  

Ella curó tus heridas, cuidó de ti, jugó y robó casi para ti, creando entre las dos una
hermandad bastante perruna.  

 Nadar en la playa, seguir rastros, robar comida, romper juguetes, dormir en el sofá,
subirte a mi cama si no estaba yo en casa, roncar conmigo en la tumbona de al lado,  bronceador y sombrilla….  

Acompañarme con mis dolores de hernia, para luego yo acompañarte con tus otitis y
cirugías posteriores.  

Lamer mi mano en las malas, y lamerla en las buenas.

Acariciar tu pelaje cuando la felicidad, cuando la tristeza, la incertidumbre y el agobio. 

 Ir acompasando mi paso al tuyo, cuando los años pasaban, y no darme cuenta nunca de
que te hacías mayor, de que pedías un descanso.

 Afrontando la llegada de tu hermano Xito, cachorro travieso que soportabas de aquella
manera.  

Y lo más digno: recibir a tu sustituta perra guía, no mostrar ni un mal gesto, ni un
enfado.  

Fue un cambio de arneses, sin mucha ceremonia, pero con gran nobleza y bondad.

 Disfrutar de tu vejez, ahí siempre, más pausada, más seria, más a lo tuyo, sólo cuando
las cosas eran exageradas aparecerte a ver que se pajareaba por ahí… 

 Y en esto andábamos, en este equilibrio de salud, vejez y juego, en esta tomadura de
pelo que le hacíamos entre tú y yo a la muerte que nos acechaba en cada esquina, en  cada chaflán, y como siempre nos reíamos juntas de eso, de esa tontería que es morir.  

 Porque tú no te has muerto, ¿verdad? Estás por ahí arriba, subiste a una estrella
aprovechando que es navidad, volaste lejos y por primera vez en mi vida, te fuiste sin  mí, y yo estoy perdida. 

I

Reencuentros

  ¿no os ha pasado que después de mucho tiempo os habéis reencontrado con alguien y es como si el reloj se hubiera parado desde la última vez que os visteis??
  Pues eso es lo que me sucedió ayer con mi amiga Loles.
 
  Nos conocimos en la escuela de perros guía en el año 2004, cuando fui a por mi perra Bimba.
  Ambas éramos renovadoras de perro, ambas con el mismo instructor.
   Las circunstancias en la escuela de perros guía, son en cuanto a la convivencia un tanto extremas.
Ocho ciegos internos en una residencia durante más o menos tres semanas, cada uno  con sus emociones a flor de piel, aceptando su nuevo guía, sumando las complejidades de cada cual junto con las frustraciones propias y las de no saber manejarse en esta nueva etapa, hacen que todo se agrande, se dramatice.
Loles y yo, desde el primer momento nos caímos genial, conectamos desde que nos tropezamos,  literalmente,  en la moqueta de la entrada a la residencia. Dado que ambas habíamos ya pasado por la fundación, tratamos desde el principio de hacer que el día a día para todos fuera lo más amable posible.
  Ambas conocíamos los nervios de la entrega y primeros instantes con nuestro guía, del esfuerzo por tratar de agradarle.
También sabíamos de la frustración de las primeras horas, la disciplina del cepillado, alimentación, sacar al perrito a sus necesidades, hacer la obediencia….
Los días de angustia frente al tráfico por primera vez,    
  La alegría de completar una ruta bien, con la felicitación del instructor.
La primera vez con nuestros perros en el metro, en el bus, en el tren, ir de tiendas, de bares….
En fin, son días de mucho trabajo tanto físico como emocional, solo el que lo ha vivido sabe de qué estoy hablando.
Entre Loles y yo, logramos dentro de lo posible, que nuestro grupo tuviera un cierto equilibrio de convivencia, hicimos de todos cada logro, cada esfuerzo tanto de nuestros perros como de nosotros mismos.
Y fue divertido y a la vez  muy enriquecedor
  Creo que Loles confundió el dolor abdominal que tenía, con agujetas de las risas que hicimos en aquella mezcla de pelos y sudores, y una noche su peritonitis se presentó en forma de bestia con cuernos y todo.
No sé como lo supe, pero en cuanto ella me llamó a su habitación contándome que no podía más, que su dolor era tremendo,, intuí lo que estaba pasando, de repente, lo que venía en los apuntes de patología médica tenía sentido, y me di cuenta de que era  sin duda alguna, una pedazo de apendicitis y que si no se tomaban medidas de inmediato, la buena de Loles podía perder la vida.
Venciendo la resistencia del segureta, del responsable, y hasta de la propia directora de ese momento, por fin vino una ambulancia a por ella.
   Sólo Loles y Pedro, su instructor, saben lo que pasó esa dura noche, del periplo de hospital a hospital, hasta que de mañana temprano fue intervenida quirúrgicamente.
  La desolación que nos dejó al grupo fue grande, menos mal que era el final, que ya esa semana nos volvíamos a casa con nuestros perros guía.
 
  Dice un viejo proverbio que si le salvas la vida a alguien, ya eres responsable de él para toda la eternidad.
 
  Y en esas estamos, Loles, ¡no te libras de mí ni en el paraíso!
  Da igual el tiempo que pase, siempre habrá algo para reír, para soñar, para abrazarnos.
¡y para engañarte para que comas algo más!

Feliz cumpleaños Bimba

El tiempo pasa inexorable, y un año más celebro junto a mi perra guía jubilada su cumpleaños.

    Está aquí, bueno, más bien en mi sofá enroscada, escuchando como yo, la lluvia en el patio.

  Solo se levanta cuando oye bolsas en la cocina, cuando abro la nevera o cuando hay algo que huele mejor que bien en la hora de la comida.

  Su veterinario dice que está algo sorda, yo diría que su sordera selectiva es espectacular, llamarla para algo que no sea comer y que venga al instante como sucede con los otros dos perros de casa, es misión imposible.
Ni siquiera abrir la puerta para ir a la calle.

    Si es cierto que sus orejas, día sí,día no, acumulan demasiadas levaduras, entre gotas, corticoides,  y limpiezas se nos pasan las jornadas. El día que amanece nublado ya la escucho sacudirse con fuerza, y por más que trate de prevenir,, esas otitis nos complican la vida, esa es la verdad.

  Excepto el susto que nos dio hace un par de años, con una lumbalgia, que a penas podía moverse, por lo demás vive como una señora reina jubilada.
 
  Yo sostengo la teoría que a mi perra Bimba nunca le ha gustado el trabajo, siempre ha sido vaguísima.
Es por eso que la llegada de mi actual perra guía, a penas le supuso un drama, para mí que pensó que menuda liberación, que eso de vivir peligrosamente en la calle, que lo haga la juventud, que ella ya dio lo que tuvo que dar y tan bien que lo hizo.

  De vez en cuando, en los días como hoy, se le cruza un cable y viene a posar su cabeza sobre mis rodillas, aprovechando que los dos pastores alemanes están adormilados y no le quitan espacio.
Se queda quieta y llega entre nosotras esa complicidad de los primeros años, cuando éramos ella y yo, solas ante el peligro, cuando avanzábamos entre el gentío por Madrid, por Barcelona, por Granada….
  Mi mano y su pelaje suave se mezclan para ser la  caricia que nos regalamos la una a la otra.
  Las dos cumplimos años sin duda   ¿a que sí Bimbita?

  Feliz cumpleaños!
 

Bimba tumbada, pulsa para ampliar la foto