Los riesgos de la seguridad

Hace tiempo que no cuento nada sobre mis aventuras por Israel, aunque en este caso, más bien sería mi aventura hasta llegar al avión de Elal para viajar a este país, lo que voy a relatar.
Decidí viajar para Pesaj ese año, a ver a mis amigos, aprovechando que por casualidad la Semana Santa de España coincidía con las fiestas de Israel, lo que me permitía sumar días y ampliar las incipientes vacaciones. En esa época yo no tenía perra guía aún, de modo tal que acompañada de mi bastón, mi maletita y mi vieja mochila, al aeropuerto de Barajas que me encaminé.
Como sólo sabía en qué terminal debía tomar mi vuelo, gracias a los buenos servicios de un ciudadano amable, me vi ante un mostrador de información.

Nos situamos en 1993, plena guerra del golfo,
Y mi desconocimiento era total sobre las precauciones de seguridad a nivel internacional, así como las propias de Israel.
Si bien en la actualidad todas las medidas que viví entonces ahora son lo normal en cualquier viaje, en cualquier aeropuerto, entonces yo me quedé desconcertada:
Me hicieron esperar aparte, y poco después, hizo su aparición un señor muy serio, que en un correctísimo español, empezó a preguntarme:
Nombre, apellido, nacimiento, trabajo… tantas preguntas seguidas y yo ya con la mosca detrás de la oreja (¿qué le importa a este tipo mi vida? ¡que se me escapa el avión!)
¿viaja con el grupo de peregrinos del padre escudero?
-No señor.
-¿y por qué?
-Pues ya ves…
Se vuelve a repetir la pregunta:
´-¿viaja con el padre Escudero?
-No señor, viajo sola.
-¿y por qué?
-Pues…. (¿quieres tú viajar conmigo?)
-¿quién te ha hecho la maleta?
(y no, paternalismos los justos).
-¡la maleta me la he hecho yo!
-¿con quien vives?…
-Con mi gata, a lo mejor ella me ayudó a hacer la maleta, ¿te vale esa respuesta?
Y así una hora de vacile por mi parte, de mosqueo por parte de ese señor tan rijoso de Elal que no paraba de tocarme las narices.
Y yo mirando la hora.
– Pero bueno, ¿qué sentido tiene todo esto?
-Si no vas con el padre Escudero….
-¡si me nombras otra vez al padre escudero no sé lo que hago!
¡voy a casa de mi amigo Natalio Kirchuk!
¡palabra mágica! El señor tieso, tan tieso él, de repente se quedó en silencio:
-¿kirchuk? ¿kirtchuk? ¿de qué lo conoces? ¡es primo mío!
¡dile que soy -Daniel!
¡Haberlo dicho antes! Esto son medidas de seguridad. No te preocupes y contesta a todo lo que te pregunte, sólo es para evitar atentados, no es nada….
En fin, mi amigo Daniel de pronto era otro, amable, divertido, ya las preguntas no las vivía con la misma agresividad ni, por supuesto, con la misma tensión.
Me reí de su manera de preguntar, y al final nos caímos genial.

No pude evitar preguntarle por qué razón me quería colocar con el padre Escudero.
Su respuesta fue que todas las personas ciegas que viajaban a Israel, lo normal era que fueran en un grupo de peregrinos.
Ya. Tan normal como que él fuera el primo de mis amigos ¿no?

El Abuelo Sefaradí

Encuentro con un abuelo Sefaradí

A raíz del proyecto de ley que el 7 de febrero se publicó, por el cual los judíos hijos descendientes de Sefarad, que tuvieron que salir corriendo de España por culpa del edicto de 1492 de los Reyes Católicos, cuantos tengan apellidos sefaradís, podrían optar a la nacionalidad española, he recordado algo que me ocurrió en mi primera visita a Masada en Israel.

La fortaleza defensiva de Masada es un conjunto de palacios cuya construcción data por lo menos de la edad de bronce.
Está ubicada en el Estado de Israel, en el límite oriental de Judea, a 5 Km. del Mar Muerto, y frente a la antigua pen´nínsula de Lisán.
Ha sido escenario de múltiples asedios, aunque el más recordado es el que sucedió en el año 73, donde todos los habitantes de la población, al mando del comandante Eleazar ben Yair, decidieron, dado que el suicidio está prohibido en la religión judía, matarse unos a otros para que cuando los romanos entraran allí, no encontraran a nadie para hacerle esclavo.

Nada más llegar a la fortaleza, nos presentaron un audiovisual contando toda la historia de la fortaleza y sus palacios, así como de sus reyes, y las diferentes revueltas.

Luego subimos en un teleférico que nos llevó a la zona de las edificaciones históricas.
Ahí comenzó la magia, como en cada sitio que visito en Israel, el calor, el silencio interrumpido por algún grupo de turistas, los sonidos de nuestros pasos por esas piedras llenas de historia y de leyendas no escritas….
A pesar de no ser una edificación fácil de adaptar, si que había rampas para acceder a casi todos los lugares, pero lo que más me sorprendió fue que en cada palacio hay una maqueta a escala, para que una persona ciega como yo, pueda dimensionar las distancias, el enclave, la colocación y la forma de cada construcción.

Recuerdo con cariño a Ilán, nuestro guía oficial, que con toda paciencia me hacía tocar cada pieza, cada pared, y que me dejaba grabar sus explicaciones, las cuales conservo con todo cariño, y desde aquí deseo que mejore su salud y siga igual de alegre haciendo disfrutar a todo el mundo a su lado.

Fue al bajar del teleférico, cuando fuimos a la cafetería, y nos mezclamos con un grupo de turistas turcos judíos, de repente un abuelillo se paró en seco frente a nosotros, y comenzó a cantar:

Cuando el rey Nimrod al campo salía,
Mirava en el cielo y en la estrellería,
Vido una luz santa en la judería,
Que havía de nacer Abraham Avinu.

Abraham Avinu, padre querido,
Padre bendicho, luz de Israel….

YO, que soy una enamorada de la música sefardí, me quedé sorprendida, ahí, al pie de Masada, un montonazo de gente desconocida, grandes pequeños, camareros, y vendedores, a pleno pulmón cantando, bailando y dando palmas, ¡si hasta el propio Ilán se sabía la cancioncita!
¿Cómo podía ser que gente tan diversa supiera esa canción?
Cuando acabamos, el abuelo comenzó a hablar con nosotros, nos contó que llevaba 40 años sin hablar sefardí, que se había casado con una rusa que no sabía hablarlo.
Preguntó que de dónde éramos, y me presentaron, él, tan contento de hablar con alguien de Sefarad, como si fuera la mejor cosa que le había pasado en mucho tiempo.

¿cuántos abuelos cantarían la canción del rey Nimrod a sus nietos desde la expulsión de los judíos en España?
¿Cuántos niños batirían palmas cantando y bailando con el legado de sus abuelos españoles?
Me sentí tan emocionada allí, dando palmas en aquél marco incomparable, que no sabría explicar.

Aquí os dejo una de las versiones del rey Nimrod para que la podáis escuchar: