BIMBA, ESA PERRA JUBILADA

Bimba, Esa Perra Jubilada

Pasaron decididas por la calle;
y me quedé mirando aquel trastrás,
aquellos pasos firmes al compás
donde no sobraba ni un detalle.

Noté en los ojos de la perra el corazón,
latiendo con el suyo, de su dueña;
y en los ojos de Salvi la risueña
mirada de Bimba al mismo son.

Y pensé: Dios no quiere que sea ciega
Y por eso, generoso, le da un perro
Que le presta la luz de su mirada;
Pero vi. en Bimba tanta, tanta entrega
que superaba el yugo de aquel hierro
del arnés del que estaba enamorada. 

Escrito por el poeta Antonio Peláez.

Bimba tumbada

Dejo un ratito mis aventuras por Jerusalén, y esta vez os cuento alguna cosa de mis perros. Como sabéis, tengo tres, los cuales hacen que mis días y mis noches sean, cuando menos, bien divertidos.

Alguien podría pensar que es duro cuidar de tres perros grandotes en un piso de 70 metros; pero la verdad es que nos organizamos muy bien.

Bimba, es una labradora blanca, que inició su camino a mi lado en octubre del 2004, después de la tristeza de haber tenido que dormir a Heidi, mi anterior perra-guía.

Pese a que adoro a los pastores alemanes, tanto como perros en general, así como lazarillos, ya que siento que se ajustan a mi manera de ser y viven parecido a mí, debo decir que Bimba y yo, desde el momento que nos conocimos, encajamos. Ella, desde su mente labradora, me puso las cosas mil veces más fácil que Heidi, que sí era pastor alemán. Además, al ser yo renovadora, todo fue tan sencillo, que me parecía imposible.

A Bimba le tocó vivir conmigo momentos importantes y siempre guió de manera irreprochable.
No se estresó en el trabajo jamás. Sin gustarle, porque vaga lo es un rato, de mala gana, sobre todo en verano, siempre cumplió con su deber.

Pero llegó el día que sus constantes otitis hicieron que su audición disminuyera, y su estándar de trabajo, indiscutiblemente se vio reducido.

Los usuarios de perros guía, somos los últimos en darnos cuenta de que nuestro perro necesita jubilarse y descansar. Acomodamos nuestro paso al suyo, justificamos sus faltas de reflejos, compensamos sus dificultades, y lo hacemos a penas sin darnos cuenta.

Un día vino el instructor y, viéndonos en ruta, determinó que ya era el momento de colgar el arnés.

Lo primero era asumirlo yo, claro; pero después, ¿Cómo contarlo a los amigos? ¿a la familia? ¿a los compañeros de trabajo?

Si ya la cosa era dura para mí, imaginad los comentarios de la gente:

Que si ese instructor no tiene ni idea, que si la perra está estupenda, que si la que venga nunca será como ella……

Y así había que vivir esos meses de incertidumbre en la espera de Nevi, la siguiente perra-guía.

Y, en fin, llegó el día, y mi corazón se puso triste: tomar un arnés nuevo, una correa nueva, y una perrita nueva, joven y sin conocerme de nada.

Pero ¿y Bimba? ¿Qué iba a sentir Bimba? Para colmo, pese a que ella es bastante independiente, tiene un problema que detecté al poco tiempo de que se iniciara nuestra vida en común: padece ansiedad por separación, lo que engrandecía mi preocupación:

¿Qué haría la perrita cuando me viera salir de casa con otra acompañante? ¿Qué pensaría cuando me viera llegar caminando con el apoyo de otro arnés y otra asa?
¿Qué sentiría cuando yo ya no la necesitara como antes y no estuviera todo el día conmigo?

Pues las cosas fueron mucho más sencillas de lo que yo esperaba:

Cuando llegó Nevi, Bimba la ignoró totalmente, dejando que ella viniera y guiara sin ningún problema. No se preocupó al ver cómo le ponía el arnés. De hecho creo que estaba feliz de no tener ella que trabajar.

Los primeros días hubo una lucha de poder, pero no precisamente con Bimba, sino más bien con el otro pastor. Cuando quedó claro que allí nadie mandaba, los tres se relajaron, tras, eso sí, algún exceso, como romper alguna colchoneta por venganza, alguna meada fuera de la ruta y de la rutina, y, cómo no, si había juguetes ¡los tres querían el mismo!

En la actualidad Bimba es feliz. Vive, por supuesto, en el sofá, hecha una bola entre cojines.

¿a quién le importa este pequeño desliz? El que viene a casa ya sabe que se va lleno de pelos (¡donde hay pelo, hay alegría!),

Tiene un día sí y otro también las orejitas hechas una pena por los picores y subsiguientes arañazos que le provocan las incordiantes otitis, pero ahí vamos, entre gotas, antiinflamatorios y limpiezas. Por suerte, en estos momentos es lo que lleva peor, pues por lo demás, está ideal, contenta, y con las mismas ganas de comer de siempre: Roba pienso a Nevi y a Xito si puede, y a mí, ¿Qué os puedo contar? Que este mismo verano entre ella y la pastora, desvalijaron una bolsa con cecina y chorizo, que demás está decir quién se lo comió, porque en lo que Nevi lo olía, ¡la otra ya se lo había morfado!

Ahora, ya a toro pasado, creo que fue una buena decisión, que poco sentido tiene prolongar sus días de trabajo a un perro, por más pena que dé.

Es cierto que ahora, me puedo permitir el lujo de tener a mis tres perros. No se cómo será el futuro; pero deseo con toda mi alma, que siempre pueda cuidarlos como ellos lo hacen cada día conmigo.

Yo con mis tres perros