marzo 7, 2021

Primeros pasos con mi tándem

 

Cuando era estudiante, y mediante un grupo de voluntarios de la federación de ciclismo de Madrid, los domingos por la mañana un grupo de chicos ciegos íbamos cada uno con su piloto a montar en tándem.

Recuerdo esos paseos como algo muy especial. Salíamos del colegio del Paseo La Habana y de ahí, dependiendo del día, o al parque del Retiro, a Tres Cantos, y si estábamos bien en forma llegábamos hasta Colmenar Viejo.

Aún recuerdo con sufrimiento esa cuesta del Goloso que me reventaba las piernas dando pedales.

Incluso alguna vez, junto con los voluntarios nos íbamos de acampada libre a la sierra con los tándems, ¡cuando acampar libremente era posible! llevábamos comida, tiendas y nuestras mochilas, el sábado desde Madrid hasta San Martín de Valdeiglesias, incluso podíamos bañarnos en el pantano de San Juan.

Dormíamos en el suelo, en esas antiguas tiendas de campaña que, con el calor de la primavera en las noches de junio, ya casi terminado el curso, casi era mejor dormir fuera.  Ni teníamos ropa especial para bicis, ni guantes, ni casi cascos.

Ahora que estoy aprendiendo algo más a cerca de bicis y tándem por internet y YouTube, ¡ni me quiero imaginar el tipo de bicis que debíamos usar!

Me acuerdo de una chica voluntaria que incluso llevó su guitarra y por primera vez oí cantar canciones de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, ¡qué tiempos!

Me lo pasé genial en aquellas acampadas.

Una vez terminé los estudios, dejé de tener contacto con el ciclismo, los tándems y todo aquel mundillo, una pena porque me encantaba.

Hace un par de años participé como voluntaria en el Camino de los Satélites, organizado por la fundación Funteso (www.funteso.com) haciendo el camino de Santiago.

Ellos habían organizado otro Camino de Santiago caminando en el 2010 pero esta vez iba a ser en bici, o tándem.  Fue un viaje magnífico, conocí a gente maravillosa, que ya puedo considerar amigos.

Tuvimos la suerte de tener entre nosotros a grandes ciclistas como Paquillo, un hombre súper majo, que le daba un muy buen humor al grupo.

También vino con nosotros el cantante Serafín Zubiri, que, aunque era divertido llegar a los pueblos con una “celebriti”, lo cierto es que es una persona entrañable  e increíble, y que estuvimos súper bien con él.

Los pilotos, los voluntarios, y todos los amigos de bicis y tándem, los guías, y los colaboradores, la verdad es que fueron unos días estupendos.

Aquí os dejo la web del camino de los satélites, para que le echéis un vistazo:

El proyecto

 

El caso es que al tomar nuevamente contacto con el mundo del ciclismo, me entró de nuevo el gusanillo, y decidí que, en el siguiente camino de Santiago, iría, pero ¡pedaleando!

NI mi forma física, ni mi edad es la de los 16 y 17 que tenía cuando montaba en tándem en la escuela, pero descubrí que ahora han inventado una cosa para las bicis, y también para los tándems, ¡la batería!

Si, esa cosa que conectas cuando la cuesta es mu y empinada y las piernas no dan más.

¡Y eso me pareció en teoría una idea maravillosa!

El caso es que nada más terminar ese viaje, me puse a buscar un tándem, cosa bastante complicada, los que hay, o alquilan de paseo, son bastante malillos, aparte de caros, y las buenas marcas vienen de afuera, es complicado sin tener mucha idea de calidades y materiales.

Al final decidí encargar a un artesano de bicis que vive en Alicante, que me construyera un tándem, en teoría más personalizado.

Pese a que parezca lo contrario, el precio era similar a comprarlo ya hecho, y esto me pareció más práctico.

Con el paso del tiempo, no sé si acerté, porque lo que en un principio parecía una bici genial, luego hemos ido viendo que tenía muchos fallos, pero en fin, ¡eso daría para otro posts!

Justo cuando mi tándem estaba preparado, aparece el covid19 a fastidiarnos la vida, así es que hubo que esperar a junio del año pasado para recibir en casa mi bici.

El proceso de adaptar el tándem para mí, eso fue otra complicación, si bien era hecho a mano, el artesano usó medidas estándar pese a que yo le dije cuanto medía, y mi metro y medio en aquel pedazo de vehículo…. cuando bajaba en cualquier semáforo de la bici,  casi me  quedaba a caballito en la barra del tándem.

A eso podéis añadir la pandemia, los semi confinamientos, el retraso en los materiales, ¡y el temporal Filomena!

Un año llevo en esto de ponerme a pedalear.

Así es que, gracias a Emilio, el súper técnico que llevamos al Camino, ha sido que he podido salir adelante.

Él ha cambiado varias cosas del tándem, incluidas las ruedas, para que cuando me pare, ¡pueda poner los pies en el suelo!

También ha hecho diferentes arreglos, y se supone que el próximo viernes ¡el tándem estará preparado para rodar!

Ahora ando a la búsqueda de un piloto que tenga tiempo y paciencia conmigo ¡que tengo que ponerme en forma para el año que viene en el nuevo Camino! además, espero hacerlo completo, desde Roncesvalles a Santiago.

Así es que, si os ofrecéis voluntarios, ¡razón aquí! necesito varios, ¡más que nada para no cansaros!