Un año sin ti

Mi querida Socia, compañera peluda, mi querida perra guía:

Ya hace un año que esa maldita hemorragia interna te alejó de mi lado, de mis manos.

Te cuento que no hay un solo día que no te recuerde.

Que echo de menos tu pelo, tu entusiasmo, tu suavidad, tu complicidad…

Tantas cosas hecho de menos de ti…

Cada vez que pasamos cerca de la clínica veterinaria donde te despedimos, se nos encoge el corazón con tu valentía y tu recuerdo.

Por aquí desde que te fuiste, el mundo se ha vuelto loco:

Los primeros días fueron tremendos, caminar sin ti, era demoledor, sentía tu cuerpo junto a mí en cada paso, e inevitablemente extendía mi mano para acariciarte, ¡y no estabas!

Tu hermano Xito también se nos fue en febrero.

Quedamos desolados.

Yo, conforme a mi promesa contigo, y con todo mi dolor, comencé los trámites para mi nueva perra guía.

El proceso fue largo y tedioso, desde el mismo momento en que comuniqué tu deceso en la FOPG, triste y desagradable por demás, hasta el día en que recibí el email donde me confirmaban que ya podía haber una nueva candidata para ocupar tu lugar.

Nadie puede ocupar tu lugar.

Tú fuiste única, quiero que lo sepas, quiero gritarlo al cielo para que lo escuches muevas tu cola esponjosa y me esperes feliz con paciencia cuando la vida me entregue a tu lado.

En marzo, el mundo que tú conociste se paró por un ser estúpido e ignorante, unas tiras de ADN nos encerró en casa a todos, y nos enfrentó a nosotros mismos y a nuestras emociones.

El miedo al dolor, la enfermedad, la pérdida de nuestra vida anterior.

La incertidumbre y la duda de que pasará después, nos dejaba agotados en cada jornada.

En esos días te recordaba intensamente, contigo hubiera sido todo más fácil.

La programación de curso con mi nueva compañera, iba a ser por ese tiempo, y todo quedó parado por el estúpido virus.

Tragué saliva cada día en tu recuerdo, y esperé con resignación al 15 de mayo, cuando tu instructor llegó a la  clínica con una perrita negra,  labradora con flat, es decir, algo  así como  una fletadora o como reza en  su carnet de perro guía: «mestiza»

Creo que ella tenía el mismo miedo y la misma tristeza que yo al principio.

Cuando nos quedamos solas, yo le expliqué todo:

Lo de Zambra, lo de Heidi, Bimba, Xito, y por supuesto lo tuyo.

Mi tristeza y a la vez mi alegría, mis recuerdos, los malos, los divertidos, los absurdos y los buenos.

Ella, supongo recordaría a su familia que la cuidó  de cachorrita, a sus compañeros de perreras, su instructor y la vida en la escuela.

Y acabamos las dos llorando, ella más porque se sentía sola y perdida en una nueva casa, y yo, ya sabes como soy, aproveché para llorar hasta por la quema de la biblioteca de Alejandría.

Se llama Goleta, ¡te encantaría! disfrutarías corriendo y jugando con ella.

Goleta jugando

Conociéndote, seguro le podrías mostrar algunos truquitos de guía, algunas de mis manías, y alguna trastada para hacer.

Ella ha sido un bálsamo para esta etapa tan difícil que nos toca vivir a los humanos.

Haríais buen equipo sin duda.

Conforme tú ibas haciéndote mayor, yo imaginaba precisamente eso, alguien como goleta animando tu jubilación, e incordiando tu colchoneta y robando tus juguetes.

Pero la vida tiene su proceso evolutivo, sin solución de continuidad.

Te confieso que cuando todo está en el caos, cuando no sé ni que va a pasar, y la presión es fuerte, ¡que ganas de volar a tu lado!

Y aquí estoy, que no acabo de creerlo aún,  un año después y como cada día, tratando de que tu tacto no se escape de mis dedos.

Goleta me acompaña mientras escribo, y solidariamente pone su cabeza en mi muslo.

Ya sabes, en este perro corazón caben infinitos y más perros.

¡Esperáme para cuando llegue!

 

 

 

Montando a caballo

El pasado lunes viví una experiencia maravillosa:

¡Fui a montar a caballo!

Ya sé, probablemente muchos de los que me leéis ya habéis vivido esta aventura, pero para mí fue algo súper especial.

Lo primero es que el centro de equitación, aquí cerca de Durcal mi pueblo natal, en Lanjarón,  es un centro diferente, con gente maravillosa y amantes de los caballos.

Es un proyecto fantástico, os cuento:

Ellos rescatan caballos con problemas de salud, o bien con maltrato emocional o físico.

Ellos los devuelven a la naturaleza, mejoran su salud física, y Sara la directora del centro, es la encargada de la recuperación emocional.

Todos sabéis lo que cuesta al mes mantener un caballo, y máxime cuando está enfermo y necesita cuidados veterinarios.

En este centro de equitación, organizan paseos a caballo por la sierra para turistas o personas que amen a los caballos, y con este dinero financian el mantenimiento del centro y de los caballos rescatados.

Yo no tenía ni idea de este proyecto, de hecho fui un poco a lo loco, pues me lo recomendaron en la escuela del valle inglés, algunas de las profesoras.

Más bien acudí allí para poder familiarizarme  con los caballos y probar si podría dar un paseo.

Cual no fue mi sorpresa, cuando me contaron en qué consiste el programa de caballos rescatados, y la forma de poder mantenerlo.

El sitio donde está ubicado es alucinante, apartado de todo ruido, silencioso y lleno de paz.

¡No me extraña que allí los caballos se recuperen de todo trauma!

Mi guía, Louisa me presentó a la yegua que me iba a pasear.

Son una gente de gran sensibilidad, ellos pusieron la yegua junto a un gran escalón para que yo no tuviera dificultad para subir a Molly, que desde el primer momento fue un amor de yegua conmigo.

Yo supongo que ella sabía que mis conocimientos sobre equitación no eran ni básicos, pero tuvo paciencia hasta que me ajusté en la postura correcta, y la emoción del movimiento, los sonidos del campo, el olor a hierba, el canto de las chicharras y los pájaros hicieron la magia.

Me encanta la gente y los sitios tan inclusivos donde no me preguntan, donde hacen lo difícil fácil, y donde me hacen sentir como cualquiera.

Todo fue tan natural y sencillo, que desde el primer momento se ganaron mi corazón.

Si venís por esta zona, si amáis a los caballos, os recomiendo que vengáis a visitar este centro ecuestre, además de disfrutar con estos geniales  animales, colaboráis con el proyecto de rescate de caballos.

Y si queréis, podéis hacer alguna donación para ayudar.

Os dejo la página web para que le echéis un vistazo.

 

https://caballoblancotrekking.com/

Las palomas

Columba libia  doméstica, o semi doméstica,  según lo miremos. Animal mítico donde los haya, domesticado desde antes de los romanos y los griegos.

Lo mismo nos vale para hacer una sopa, un guiso, que para representar la paz o el espíritu santo,  o nos valen como palomas mensajeras. Son conocidas por su gran capacidad de orientación, aunque lo cierto es que les va la vida sedentaria, después de que se dieron cuenta de que un email o un sms es más rápido y da menos trabajo para ellas.

Las palomas se alimentan en el suelo, tanto en la naturaleza como en las ciudades. Suelen encontrarse en parejas en la época de reproducción, pero el resto del tiempo son gregarias. Las palomas domésticas duermen en salientes de muros, porque son incapaces de mantenerse durmiendo en los árboles, como otros pájaros. La esperanza de vida de una paloma en la naturaleza oscila entre los tres y los cinco años y llega a vivir hasta los quince años en cautividad.

El halcón peregrino  y el gavilán común son sus principales depredadores naturales. Hasta el 80% de la dieta de los halcones peregrinos de muchas ciudades se compone de palomas. Pueden ser cazadas por rapaces de tamaños comprendidos entre el halcón americano y el águila real, como los busardos, búhos reales  y  azores, y sus nidos pueden ser expoliados por las gaviotas y los córvidos. Entre los mamíferos que también pueden atacarlas se encuentran las martas, las jinetas, las zarigüeyas  y los mapaches, además de los gatos.

Nadie dice nada a cerca de perros guía cazando palomas, y eso que he buscado por internet todo tipo de artículos científicos y no tanto….
Esto que parece una redacción de cuando estudiaba E G B, tan solo es el preludio de mi vida entre palomas.

La primera vez que tomé conciencia de hasta qué punto complican mi vida las palomas, fue cuando viví en Algete, ellas se instalaron en un saliente de mi terraza, y cada día me regalaban sus obsesos arrumacos y su lluvia de cagadas que caían como bolas inundando mi espacio. Pero cuando comencé mi vida con perras guía, ¡ahí sí que fue total! Recuerdo un día en que de repente, mi difunta pastora alemana, según íbamos caminando por una acera, de pronto se tumbó en el suelo. ¡Menudo susto! pensé: ¿un infarto? ¿se ha desmayado? ¿le duele algo?
¡nada que ver! ¡solo se trataba de una paloma!

Ella la vio venir, y atendiendo a su código genético ancestral, se tiró al suelo a esperarla en posición de caza. Y claro ¿como iba yo a saber eso?

Urgentemente llamé al instructor para contarle que de vez en cuando, mi perra se tiraba al suelo sin una razón aparente, y con su explicación todo quedó meridianamente claro.

Y bueno, ahora que en esta pandemia que nos ha tocado vivir, las palomas han tomado la ciudad, han urgado en contenedores y papeleras, sin gente que les moleste, por lo menos por Madrid, andan como gallinas, tranquilamente se pasean por la calle Luchana pidiendo comida en las terrazas a la gente.

Y yo, si bien es cierto que ya no me preocupo ni por obstáculos en la calle, ni por mesas ni sillas, tampoco por bordillos y bolardos, aquí tengo a mis amigas las palomas, las cuales complican mi movilidad e intrigan poderosamente a Goleta.

Es lo que los instructores de perros guía llaman «una distracción» ¿que que es eso? pues todo lo que distrae al perro cuando está trabajando y guiando nuestro camino. Desde un pájaro, perros sueltos, atados, gatos, y diversos animales, olores intrigantes, colores, comida…. o sea ¡todo en general!
Goleta ve una paloma y al instante quiere olerla, o jugar con ella, o tal vez cazarla para mí, para que prepare un buen caldo, ¡vete tú a saber! pero es el caso que como haya una en su línea de visión ¡las dos vamos a por ella!

¡Es lo que tiene convertirnos en una unidad!

Navegando con Goleta: ¿me das la patita?

Ladrando en la nube con Goleta: ¿Me das la patita?

Podría hacer un gran listado de preguntas que de seguro todos los usuarios de perro guía hemos tenido que escuchar una y mil veces.
Algunas preguntas son absurdas, otras de risa, incluso algunas personas plantean alguna cuestión hasta con sentido común y conocimiento….
Creo que podría contar y no acabar con la cantidad de cosas raras que a la gente se le ocurre preguntar a cerca de un perro guía…
Pero en este post me centraré exactamente en esta:
¿Da la pata? ¡Dame la patita! ¡Por qué un perro tan listo no sabe dar la pata!
Pues no, no señor ¡mi perra no da la pata!
¿Sabría usted dar la pata? porque yo, concretamente no.
No basta con que pare en los bordillos, me ayude a cruces locos de Madrid, esquive las mesas de las terrazas que en estos días invaden hasta los pasos de cebra….no ni con que eluda andamios, bancos, contenedores, cajas y equipajes en las aceras….
Obras, ruidos, papeleras, bicicletas patinetes tirados en el suelo…
Tampoco basta con que aguante estoicamente a todo desconocido que le pase la mano por el lomo, y que ella, desde su inmensa bondad, aguante con paciencia y amor a todo humano que le quiera decir cualquier cosa.
No, ¡el tema es que la perrita no da la pata!
¿Que queréis que os diga?
Desde un punto de vista anatómico, es bien incómodo que un perro dé la pata, más bien es un acto de querer agradar que ellos se aprendan esa gracieta porque saben lo felices que nos hace.
Yo por mi parte, con tener cada día a mi súper heroína que logra que mi camino sea ágil, libre de obstáculos y divertido, ¡con eso me doy más que satisfecha!
Y si tenéis mucho interés en lo de la pata, yo mismamente os la doy, eso sí, ¡lavaos antes con hidrogel por lo que pueda pasar!

Navegando con Goleta al museo arqueológico

Me encanta el Museo arqueológico, todas las cosas que hay en él.
Es, dentro de lo que cabe, bastante accesible, hay la posibilidad de leer QR en varios lugares, con su audio explicación correspondiente.
También puedo tocar algunas maquetas de muchos de los objetos que ahí tienen.
Y os recuerdo que mi fin de graduación con Goleta fue llegar a este museo desde casa.
Por desgracia, y a causa de que mi curso de perro guía fue en casi plena pandemia, sólo pudimos llegar a la puerta, la cual estaba cerrada.
Pero aquí teneis la prueba de que ya por fin se abrió y podemos visitarlo!

Ladrando en la nube con Goleta: Nuestra tienda favorita.

 La memoria de Goleta es increíble, sólo con visitar una sola vez un sitio, ya lo recuerda para siempre.  Pero por supuesto, hay lugares que recuerda con más alegría que otros.

   Por ejemplo, las cafeterías y pastelerías que en los primeros días parábamos a comprar un café en vaso desechable en nuestras rutas, ¡esas las recuerda siempre que pasamos por allí!  Con sus patas delanteras marca la puerta y el escalón para entrar.

   En principio, cuando hace eso, el instructor me dijo que debo felicitarla, porque eso es señal de que recuerda y quiere agradarme con su trabajo.

   Pero hay un sitio que es su felicidad máxima, una tienda que aunque pasemos cien veces al día delante de la puerta, ¡ella siempre quiere entrar! insiste e insiste incluso cuando está cerrada. Se trata de “Lobitos”, una tienda especializada en mascotas.

   La llevan unos chicos súper amables y serviciales, amantes de los animales, y muy profesionales. Venden todo tipo de productos y de todos los precios y calidades. Desde el pienso más barato a menús de la dieta Bart de precios de menú del día de humanos.

Salvi y Goleta entrando a lobitos
Salvi y Goleta entrando a lobitos

   También tienen un montón de tipos de premios, golosinas, mordedores, correas, collares de todo tipo…. Complementos maravillosos, ¡que yo me los compraría todos!

   Apartado especial son los juguetes ¡pero juguetes con sentido común! , no esos pitidos de goma que vuelven locos a perros y dueños, y que en un par de mordidas dejan de pitar y pasan al estómago del perro o del dueño.

   Bien, en ese paraíso de comida, complementos, juguetes, ¡Goleta está feliz!

  Además, los dueños siempre le regalan alguna barrita de esas con olor a chorizo, que ¡me dan ganas de pedir otra para mí de lo bien que huele!

   En cuanto cruzamos Luchana, vayamos donde vayamos, ella enfila frente a la tienda de Lobitos, y directamente se va a la zona de juguetes, peluches gigantes, juguetes interactivos, pelotas, palos, cuerdas….

Los perros guía tienen totalmente prohibido jugar con pelotas, esto les estimula demasiado, y si en el momento de trabajar vieran una, podrían desconcentrarse.

¡Pero en el manual de usuario no dice nada de la diversidad de otros juegos en lobitos!

    La perrita elige cada vez que vamos el juguete que más le gusta, y ni siquiera lo envolvemos, le quitamos las etiquetas, lo pagamos y nos lo llevamos en la boca y en la mano indistintamente hasta casa.

   ¡Os juro que esta tienda será mi ruina!

Ladrando en la nube con Goleta: perros y más perros

   Los que me conocéis, sabéis que mi anterior perra era una magnífica pastora alemana.

   Ella era una perra respetable, que sólo con mirarla, algunos perros preferían cambiar de acera.

   Ni hablar de Xito que aunque nunca fue guía, ha sido tan querido… ese si veía a un perro, él mismo le ladraba, no por nada, sino sólo por el gusto de decirle algunas palabritas.

   Los pastores alemanes son de hacer bastantes sonidos, y Xito, aunque imponía bastante, era incapaz de hacer daño a nadie.

   Yo andaba por la calle con ambos sin preocuparme de nada, ya sabía yo que no me iba a encontrar con ningún perro que se nos acercara.

   Pero con Goleta las cosas son diferentes.

   Ella es muy amigable, más que los pastores, le gusta mirar a cualquier perrito que pase cerca, y quiere saludarlos a todos.

   Si Goleta va guiando, el arnés la contiene mucho, de hecho, en estos casos, mira y desciende su velocidad, pero nada más.

   En cambio, si vamos sólo a correa, ella tira e intenta  decir hola a todo perro que se encuentra.

   ¿Pero qué hay de los perros sueltos? ellos vienen junto a nosotras y aunque ella quiere seguir nuestro camino, a penas si la dejan.

   Yo me veo en la situación de tener que llamar al orden no al perro sino al dueño, porque ¿a quién se le ocurre llevar el perro suelto en la ciudad? el tráfico, la gente, las cosas que se pueden coger del suelo, otros animales, en fin, para mí que es una falta de responsabilidad.

   Y luego están esos perros potencialmente peligrosos, que en realidad quien debería llevar ese nombre serían sus dueños, porque realmente ellos son los agresivos y peligrosos.

   El otro día, íbamos Goleta y yo caminando por la glorieta de Bilbao y se le tiró literalmente un perro de esos malotes, con una dueña incapaz de controlar su perro, que menudo susto que nos dimos las dos.

   Se nos tiró de forma muy agresiva, y ¡que susto! de milagro nos libramos las dos incluso de salir heridas.

   Ahora estamos en una situación muy sensible, empezando a trabajar juntas, no quiero que tenga ninguna experiencia negativa, ni ahora ni nunca por supuesto.

   Apelo al respeto, al cumplimiento de la ley, a la responsabilidad.

   No sólo por Goleta y por mí, sino por todos los demás perros y humanos.

   Todos somos frágiles, y podemos salir heridos en el mejor de los casos.

   Por favor, ni llevéis suelto a vuestro perro salvo en las zonas permitidas o en el campo donde sea posible.

   Elegid perros dóciles para convivir, perros que no sean agresivos, ni fomentéis agresividad en ellos.

   Controlad a vuestros perros, y si no sois capaces, acudid a un profesional, que los hay de todo tipo de tendencias y cualificaciones.

     Y Ante un perro guía, cruzad de acera con vuestra mascota, dejadnos el paso libre para que podamos caminar con tranquilidad.

   Nosotros ya soltamos a nuestros perros, les dejamos jugar y divertirse solos y con otros, cuando es el momento, no somos unos tiranos, nos gusta ver felices a nuestros guías, y disfrutar con ellos.

   Yo sé que los que leéis este blog, sois gente responsable y concienciada.

   Si nos echáis una mano en esto, sería genial, y si lo contáis a otros, mejor todavía.

Ladrando en la nube con Goleta: visita al dentista

El dentista es de esos sitios que me dan pánico.


Siempre que he ido ha sido extrema necesidad, ellos nos engañan, nos dicen que no hacen daño, ¡pero siempre lo hacen!


Eso sin contar la sacudida de cartera que invariablemente nos dan, porque tú vas con un simple dolor de una muela y te acaban quitando hasta las amígdalas.


En mi caso todo comenzó en noviembre, yo tenía programado un viaje a la tumba de Don Antonio Machado, y ni un dolor de muelas iba a quitarme esa alegría y esa emoción de estar ahí, junto al poeta donde pasó sus últimos días.


Visité la clínica más cercana a casa, era una emergencia, y así me atendieron.


Mi dentista es italiano, Francesco, miró mi muela yla sentenció ¡hay que sacar, ¿sacar? ¡si ahí no hay nada! pues si, si que había una raíz la cual, escarbando escarbando, Franchesco la extrajo, y yo me fui con más dolor, y sensación de muela fantasma en mi boca.


No podía comer las cosas ricas de la zona, y andaba enjuagandome con agua y sal todo el rato.


¡Y a partir de ahí os ahorro los detalles!


Un presupuesto de más de mil euros, eso sí, pagados a plazos, tres muelas menos, dos empastes, una limpieza, y un puente que ni los de Calatraba.
Tres días antes del estado de alarma, el artesano de mi puente, empezó a organizar todo, mira que yo me resistía, pero él, que si, que ya es el momento, que en tres pruebas ya no tienes que volver… ¡ja, ja!


Limó mi colmillo precioso, así como un molar maravilloso, y en medio ahí quedaban los espacios donde viviían mis viejas y picadas difuntas muelas.
Me puso una prótesis provisional, y me mandó a casa una vez más con el lado derecho dormido y media cara inflamada.


Supuestamente en la siguiente semana empezarían las pruebas de mi puente, pero mira tú por donde va y se desata una pandemia, y yo ahí me quedé con mi puente a medio hacer, como si de una crisis inmobiliaria se tratara.


La prótesis provisional se despegó a los tres días del estado de alarma, tanto mis muelas fantasma como mis dos muñones de lo que antes fueron mi otra muela y mi colmillo, se me mostraron como algo extraño, ¡y no había manera de masticar!


No sé si eran los nervios del covid19 o mi modo de iniciar mi digestión con tan deficiente masticación, el caso es que mi estómago se empezó a resentir.
Y así llegué hasta el viernes pasado que recibí una llamada de la clínica, que ya me daban cita justo para hoy.


Allí nos hemos encaminado con Goleta de avanzadilla y yo de nuevo aterrorizada.


Bien, debo decir que la perrita se portó genial, echada esperando con paciencia, y sin atacar a mi dentista que de nuevo, torno en mano, me volvió a raspar, limar y yo que sé que tanta cosa.


Además, como había pasado tanto tiempo, tuvo que tomarme medidas de nuevo.


¿Sabeis esa masa asquerosa que hay que morder?
¿Y esa cera caliente para medir la mordida?


Y la otra cosa con olor a pegamento, que yo he salido de la clínica con un colocón que ya sentía que tenía dos perras en vez de una.


En fin, otra vez sin poder comer, sin masticar, con media cara dormida y un dolor aquí en el lado superior derecho.

La prótesis provisional ahora es una cosa rara en mi boca que me molesta hasta para hablar, ¡y tiene grietas por todos sitios!


He comido arroz ¡y se ha rellenado cada grieta con un grano!

Lo único bueno, es darme cuenta lo bien que se ha portado Goleta una vez más, y también, aunque debería ser lo normal, lo bien que se han portado tanto clientes como profesionales con la perrita.

Ladrando en la nube con Goleta: en busca de la mierda perdida ¡haz haz!

 Cuando recibí mi primera perra guía y tuve que aprenderme toda la serie de órdenes que el animalito se sabía y que yo ni idea, sienta, échate, junto, no… y muchas más….  la que más risa me dio fue la de «haz haz!

Goleta con jugete buscando donde hacer
Goleta buscando donde hacer

¿A quien se le ocurriría esa orden?

¿Que que es eso?


Bueno, es esa orden donde sugerimos a nuestros perros que dejen su firma en el asfalto, que dejen sus residuos, que planten un pino, o lo que viene siendo que hagan sus caquitas y pises en el lugar más o menos correcto.


  Yo debo persuadir a la perra con las palabras «haz haz»  que debe ser algo así como tomarse un laxante porque en cuanto empiezo  a dar vueltas correa en mano, al cabo de pocos segundos, aquí mi socia, gira y gira hasta que decide depositar su merienda en el sitio, que según su idea perruna es perfecto.


  Hasta ahí todo bien ¿no?


¿pero que pasa cuando esa socia mía decide seguir dando vueltas y haciendo cacas? cuando se toma literalmente la orden, camina y hace, hace y camina….  y yo ahí, bolsa enguantada en mano, recorro el suelo buscando el ñordo perdido….


    Y no sé por qué, ¡siempre tengo la sensación de que me falta alguno!
  No entiendo eso de andar y cagar a la vez, de verdad, que el gran padre de todos los perros me perdone, ¡pero no lo entiendo! ¡yo sería incapaz!


   He pedido opinión a varios expertos, el instructor sugiere que la ponga en  correa más corta para hacer sus cositas, una amiga, que cuando esté en la infame posición la perrita, yo me ponga delante de su cabeza y así limite sus movimientos, en fin, todo sucede tan de prisa, con el trajín se me cae el bolso, el arnés… ¡un desastre!


  ¡Yo quiero ser buena ciudadana  y recoger bien mis mierdas!
Y a veces es casi imposible.


  Está bien, mi socia y yo somos pareja desde hace bien poco, es nuevo el barrio, los olores y todo, ¡pero ya llevo en la suela de  mi zapatilla más de tres cagadas!

Ladrando en la nube con Goleta: visita al veterinario

Hoy hemos ido a hacer la presentación oficial en la clínica veterinaria donde habitualmente he llevado a mis perros.

No creais que es fácil encontrar el veterinario ideal.


  Yo pensaba que era una buena clienta, tolerante y todo eso, pero parece que no, que no duraba ni medio año con los diferentes veterinarios a los que he ido.


  Era una frase, un concepto, no sé, cualquier dejadez que hacía que perdiera la confianza en el veterinario de turno.


  Y así me recorrí un montón de clínicas con mis perros.


  Pero gracias a María Conde, que es súper buena gente, y que ha criado a muchos cachorros de perro guía, entre otros al hermano de mi segunda perra,   ella me recomendó a Rogelio y su clínica, ¡y desde entonces es mi veterinario de cabecera.


  A él le ha tocado el ingrato trabajo de dormir a dos de mis perros, y consolarme mil veces cuando se me ponían malitos.
  También me encanta lo realista que es con los animales.
  Y esa naturalidad con la que los trata, ¡y ese cariño!


  Su hija ya está también en la clínica y es igual de profesional, y tan atenta con los perritos.


  He llevado la documentación de la escuela, los análisis, su cartilla y pasaporte, el certificado veterinario, y el de microchip.
  Le han hecho una buena exploración.
  Lo de medir la temperatura a los perros, de verdad ¿no se podría inventar otro método? eso de que te metan el termómetro  en el ojete… ¡no creo que siente muy bien!


  A Goleta tampoco le ha gustado que le miren las orejas con el otoscopio, de hecho ha cabeceado, y ¡ha llorado un poco!


  Tampoco le ha parecido muy bien cuando le han mirado el fondo de ojo con esa luz que le ha molestado bastante, esto lo entiendo, que mis diversas visitas oftalmológicas cuando yo era pequeña, todavía las recuerdo como una pesadilla.


  Ella está bien, sana y feliz.


  Le abrieron ficha, ya está registrada para los análisis obligatorios que nos exige la ley, y para que no se me olviden las vacunas y desparasitaciones.


  ¡No queremos aparecer por allí salvo lo justo y necesario!


  Es inevitable recordar cuando fui a poner a dormir a mis otros perros, y aunque sé que fue lo correcto, mi corazón se encogió un poco hoy.


      Suerte que la alegría de Goleta y sus ganas de ser feliz hacen que esos tristes recuerdos sean más llevaderos.