Ladrando en la nube con Goleta: familias

Sabeis que los perros guía no podrían trabajar ni ser tan grandes profesionales si no fuera gracias a esas familias que de forma altruista y amorosa, dedican horas y horas a unos pequeños cachorros que cuando cumplen un año, vuelven a la escuela para aprender el duro trabajo que en el futuro realizarán a nuestro lado como perros lazarillos.

Goleta de pequeña


  Son gente maravillosa, con una humanidad increíble que los cuidan,  les dan cariño, les enseñan a ir del lado izquierdo, a hacer sus necesidades en la calle,  a socializar con otros perros, y vivir todo  tipo de experiencias para que puedan madurar adecuadamente.


 ¿Que puedo decir? ¡las familias de todas mis perras son maravillosas! yo trato de mantener el contacto con ellos siempre, porque si son familia de mi perra, de alguna manera son familia mía.


Tengo siempre tantas preguntas para hacer, tantas dudas, ¡y como me hubiera gustado conocer a mis perritas de bebés!
  El día que los perros se encuentran con su familia y nosotros, es un día tan especial… lleno de emociones para todos.


  Me imagino a esas familias viendo a sus pequeñines ya grandes, hechos unos profesionales trabajando tan formales, ¡si hasta yo misma me sorprendo cuando siento el trabajo de Goleta!


  Pero en nuestro caso, el covid19 nos ha robado entre otras cosas ese día.
No, no pudo ser ese fantástico encuentro con Marta y su familia.
Las normas de confinamiento, el estado de alarma y la fase cero nos privaron a ellas y a mí de esa orgía de emociones que es el encuentro familiar.


  Todo se redujo a una simple llamada telefónica con el instructor, ¡y poco más!


  Aunque como yo soy cansina, ¡la cosa no quedó así! rápidamente comencé a mandar mensajes a Marta, y bueno ¡que guay!
Ella me mandó fotos de peque, y me contó algunas cosas ¡y yo quiero saberlo todo!


Si Goleta es tan linda, se lo debo a ellas, y estoy tan agradecida….
¡nos cobraremos ese día de la familia pero a lo grande! y lo celebraremos más y mejor que nunca!


  Vaya mi sentido  homenaje a todas las familias que cuidan o han cuidado cachorros de perro guía,  ¡y en estos días en concreto a la familia de Goleta!
¡mil gracias!

Ladrando en la nube con Goleta: ¡al fin solas!

Por un lado es una alegría salir de la disciplina del curso de perros guía, del ritmo diario de paseo, lecciones, consejos y recomendaciones diversas del instructor….


Pero por otro lado…. ¡solas ante el peligro!


  Esas referencias de obstáculos, de cruces mal señalizados, esas distracciones de Goleta las tengo que suponer yo, calibrarlas y actuar en consecuencia.


  Aún siendo veterana en esto, lo cierto es que tengo mis inseguridades en algunos momentos.


  Ayer dimos nuestro primer paseo sin compañía, en un horario temprano donde a penas si caminaba gente, práctica de bordillos, andamios, bolardos y papeleras.


  Ella ralentizaba el paso en cada cruce, y oteaba a lo lejos por si por arte de magia podría aparecer para su alegría Pedro.

Yo le explicaba que ese hombre no le convenía, que es agua pasada, que no vale la pena suspirar por él, que él ya tiene a otra no, ¡a otras muchas esperando!


 Y nada, ella ahí esperando y suspirando  en cada calle.
  Supongo que se le irá pasando poco a poco ¿no?
 

En cambio hoy el paseo ha sido con más calor, he madrugado menos y había más ambiente en las calles.


  El calor de la mascarilla y la pérdida de receptores en la cara, me hacen más difíciles los paseos, y eso que aún no hay tanta gente en la calle como supongo habrá en unas semanas.


  En losprimeros cruces iba algo despistada también, sigue buscando llena de ilusión al instructor.
Aunque al cabo de un rato ya se olvidó y empezamos el trabajo serio que será nuestra rutina diaria.


  Tengo un montón de hojas para rellenar.
  La escuela nos da en papel y en digital una serie de cuestionarios para cumplimentar cada semana por tener una valoración más o menos subjetiva de como va la perrita, si tira, si tiene tensión de arnés, si coge alimentos del suelo…. en fin, una serie de items para valorar el trabajo en general.


  Ya hoy me toca  hacer mi primera valoración. 
  Os estoy dando muchos detalles, lo sé, y tal vez pueda dar la impresión de que la cosa es complicada, que lo es, pero merece la pena, es esta sensación de volar, de sentirme libre a pesar de virus, mascarillas, pasos de cebra y personas por medio. 


  Goleta es impresionante, todo amor, todo felicidad, y también una gran trabajadora.

Ladrando en la nube con Goleta, ¡día de examen!

Es tradicional en mi instructor, que el último día de emparejamiento hagamos una ruta más o menos solas ante el peligro, ¡y esta vez no iba a ser menos!

Goleta de cachorro soñando con ser perro guía
Goleta de cachorro soñando con ser perro guía


  Goleta ya está súper adaptada en casa, incluso su estómago de 75 por ciento de labrador, calcula perfectamente cuando es la hora de la cena, y así me lo notifica cada vez de forma menos sutil, por si a caso se me olvida….


  Hoy por la mañana ha sido la gran prueba, desde Luchana hasta el museo arqueológico, digamos que ese ha sido el examen, así, sin anestesia.
  El primer tramo desde Covarrubias hasta Sagasta, más o menos, un par de coches sobre la acera, la cola sin distanciamiento social de la droguería, que ya les he llamado la atención, y recto al cruce para llegar a Alonso Martínez.


  Estos cruces extraños con dos carriles con el semáforo en distinto lugar, el cual hay que localizar en el centro del cruce con tráfico a ambos lados.
Este tipo de cruces son algo estresantes, el ruido, la gente, y mi preocupación por si la perra se sale algo de la estrecha acera, lo sé, lo sé, ella es lista, pero el miedo es libre.


  Parada en viena Capellanes, porque ayer también paramos a pedir un café para llevar, y Goleta pensó por un momento si queríamos tomarnos otra vez algo.
¡un detalle de su parte!


  Es lo grande de los perros, ¡siempre recuerdan todos los sitios donde van!
  Y por fin llegamos a Colón:
Es un lugar con mucho tráfico, y eso que aún estamos en la 0,5 fase.
Es complicado encontrar el paso de cebra porque no están alineados tampoco, además hay cesped, bancos, gente, árboles…. Pero logramos localizar los otros dos semáforos y enfilamos la calle Alcalá con mucha dignidad.


  A Goleta le sigue gustando ir cerca de los árboles, yo, después del aterrizaje de ayer, les tengo bastante respeto, mas que nada por los alcorques.
  ¡Y llegamos al museo arqueológico! está cerrado, porsupuesto, pero le prometí que vendríamos algún día de nuevo, porque es uno de mis museos favoritos.
Hay muchas cosas para tocar, y maquetas casi a escala real.


  De nuevo retomamos ruta y de vuelta a casa ya más relajadas.
  La firma del contrato con la escuela de perros guía, informes veterinarios, seguro, instrucciones diversas, ¡mil papeles!
Pero lo más importante, ¡la medalla acreditativa de que Goleta ya es perra guía oficial!


  Cuando coloqué el distintivo en su collar de trabajo, ¡deberían haber sonado fanfarrias y tambores!


Pero Sólo estábamos el instructor y yo, yo sentí una gran emoción, la suerte estaba echada, y nuestra unión quedó sellada.


  Soy consciente,queda todo por hacer, y a partir de mañana estaremos solas ante el peligro, pero con voluntad y paciencia estoy segura de que seremos capaces de llegar a cualquier sitio.


  ¡Y seguiremos contando nuestras aventuras!

Ladrando en la nube con Goleta, bajando al metro y tomando el pulso a la ciudad

Poco a poco las cosas se nos complican a Goleta y a mí.

Foto de Salvi con goleta en Madrid


  La ciudad y su disposición, desde luego no nos lo ponen nada fácil.
  Hoy teníamos que ir al metro.


    Como usuaria veterana, tengo ciertas ventajas en cuanto al manejo de la perrita, pero también desventajas, una de ellas es que aún no estoy totalmente acoplada a su paso y a sus señales, y esto me confunde, y supongo que a ella también.


  En un cruce con Santa Engracia donde justo el paso de cebra está frente a un árbol, que no sé qué diseñador de ciudades o de árboles se le ocurrió semejante idea, porque no solo es problema para mí, sino también para personas en sillas de ruedas y carritos de bebés, pues he tenido mi caída del curso.


  Cada nueva perra, sistemáticamente tiene ese riesgo en el entrenamiento, caerse está asumido como daño colateral, duele más la autoestima que el rodillazo en sí.


Al hacer el giro a la derecha desde el cruce, Goleta me señaló que debía esquivar el alcorque del árbol, pero yo, ni estaba atenta a ello, ni concentrada en el camino, y así fue como aterricé, ¡y eso que el instructor incluso lo vio venir y me avisó!


  En fin, si me preocupé sobre todo fue por ella, por si se asustaba con mi caída.
  Ahora, en esta etapa cualquier cosita puede ser traumática, son muchos cambios, casa nueva, amigos nuevos, olores nuevos.
Y yo, ahí que no siempre sé actuar rápido y adecuadamente.


  Si bien mi mentalidad y mi actitud para caminar siempre es positiva, está ese miedo y ese estrés que hay que superar en el día a día.
  No estoy segura, y lo quiero contrastar, pero siento que la mascarilla me quita  algo de movilidad.


  Además, desde agosto que no tengo perro guía, aprendí de nuevo a tomar nuevas referencias, más pegada a la pared, y Goleta suele acercarse más en su camino hacia los árboles.
En parte mejor, porque hay menos obstáculos que salvar, pero por otro lado, yo voy más insegura.
  Estos días son así.
  Donde si que ha mostrado un trabajo escelente para mí, ha sido en el metro.


Si bien es cierto que en la fase cero a penas si había público, ella realmente ha salvado las escaleras automáticas genial, yo no me atrevía a agarrarme de la barra vertical del metro, ni tampoco poner la mano sobre la baranda en escaleras, ¡efecto coronavirus! lo cual es otra pérdida de más referencias y dar más confianza a la perra.


  No le dan miedo los tornos para pagar, ni al entrar y salir del vagón, espera tranquila en el andén y me ha gustado mucho sentir que está segura y va sin temor.


    Otro momento bonito ha sido la presentación de Goleta a Kely, otra de las perras guía de la clínica, ha sido, como dice el instructor, en terreno neutral, en la calle, se han olido, y la cosa ha ido bien.
  Luego han estado los tres tan formales en la recepción de la clínica, Yoki, Kely y Goletta,  ¡como si fueran amigos de toda la vida!
  ¡Y qué calor!
  Ahora cepillado y a relajarnos un rato, ¡que nos lo merecemos las dos!

In Memoriam

Ayer de mañana, da igual cuando leas este texto, ayer, mi socia, mi compañera de aventuras, mi cómplice mi perra guía, ¡se le fue la vida a chorros.

     Una hemorragia interna en el bazo se la llevó volando.

Desde entonces estoy sola, triste, desolada. Mi casa está vacía, su camita silenciosa.

     La calle es un monstruo terrible y hostil que me amenaza, quiere devorarme y acabar conmigo.

     Echo de menos todo, su pelo, su ilusión, su pata de adelante, sus orejas bailando, su cola esponjosa, su olor dulce a animal….

Se fue volando y no me dio tiempo ni de decirle adiós.

   Alguien me envió esta frase:

“la gente viene al mundo para aprender a vivir una buena vida, cómo amar a los demás todo el rato y ser buena persona, bueno, como los perros ya nacen sabiendo cómo hacer todo esto, no tienen que quedarse tanto tiempo como nosotros”

   Hermosa frase,  ¡pero yo quería más tiempo!

   Mi perrita, mi ejemplo, mi modelo a seguir.

¡todos los valores que yo con mucho trabajo debo aprender y practicar!

   Fiel, tolerante, libre,  amorosa, suave, dulce, disfrutona, llena de alegría, divertida, siempre con ganas de jugar, siempre con ganas de agradar…

¡Quiero ser como ella!

         Aprender a ser feliz en la locura del trabajo y la alegría del tiempo libre. Aprender a sentir el sol de invierno y la frescura de la brisa del verano.

         Aprender a soñar con todo mi cuerpo, con toda mi alma en movimiento. Disfrutar comiendo y bebiendo como si fuera lo único que hay que hacer.

         Esperar cada mañana a salir al mundo con la ilusión  siempre, buscando lo mejor, lo más bueno del día.

      Permanecer firme en las decisiones con la confianza íntegra y noble.

       Aprender a escuchar en silencio y arreglarlo todo con un lametón.

       ¡Yo quiero ser como ella!

No quiero que se me olvide.

   Debo salir a la ciudad, golpearme y tropezar para no olvidar que ella estuvo ahí y que nunca, nunca dejó que las cosas fueran mal.

   El mundo seguirá, no comprendo cómo, pero seguro continuará.

Los coches, el sol, la gente, todos recorrerán sus caminos.

Mientras, yo estoy aquí parada esperando a reponer fuerzas para ser como ella y demostrarle que puedo llegarle un poco a la planta de sus pies y con más ganas que nunca de salir volando a buscarla.

Estoy de minivacaciones

Veréis, llevo todo el año dejando para esta semanita de vacaciones todo lo que tenía pendiente, ponerme al día con papeleos, retomar el inglés, hacer algo de deporte, grabar mil cosas, leer no sé cuantos libros pendientes, repasar un tocho de artículos de fisioterapia, eso sin contar el gran planazo, hacerle un gran culto a mi cuerpo con todo tipo de homenajes, manicura, inmersiones en cacao, café o lo que se terciara, tomar el sol, embadurnarme de crema, tomar helados…
Pero nada, se me pasa el tiempo volado.
Los trámites del legado de mi madre ya dan la suficiente penita como para no animarme a mucho más.
Pero hay que ponerse las pilas, pues a lo tonto el lunes ya vuelvo al trabajo, y por suerte aún me queda lo mejor de mis vacaciones.
Destacar el reencuentro con mis primitos de Londres.
Y este pellizco en mi corazón, por todo lo qe sucede en Israel, donde hay gente muy querida para mi.
Las buenas intenciones de escribir en mi blog, en estos días, se reducen a esto.
Además, mala cobertura en Dúrcal con vodafone, y una pereza inmensa.
Debe ser que funciono mejor bajo presión.

El gato que está triste y azul

 
  El gato que está triste y azul
 
desde que me dejaste yo no se 
porqué la ventana es más grande sin tu amor
 
El gato que esta en nuestro cielo 
no va a volver a casa si no estás 
no sabes mí amor que noche bella 
presiento que tu estas en esa estrella
 
 
Canción de Roberto Carlos.
 
    ¿os acordáis de la canción de Roberto Carlos?
  Yo la escuché por primera vez de pequeña, en Barcelona, cuando mi Tito Antonio me llevaba a su casa por semana santa de forma solidaria  mientras mis padres amasaban fortunas en Alemania por mi bien y por el de mi hermana.
  Mi prima Conchi, en plena adolescencia soportaba mis preguntas, mis saltitos, y que no la dejara en paz con su novio.
Ella me puso la cinta completa de Roberto Carlos hasta que me aprendí todas sus canciones, me echó por primera vez crema hidratante, me dio a probar los berberechos, el vermú y me explicó cual era la diferencia entre el PC y el P SUC.
Creo que a mis nueve años de edad, sentí que gracias a mi prima, conocía las verdades del mundo por fin.
 
  Pasó el tiempo, y a mi madurez de 14 años, volvió el gato que seguía triste y azul de la mano y de la guitarra de mi primo Juanito.
 Lo mucho que me gustaba oír lo cantarla ¡y lo bien que tocaba esa canción!
  –Por favor primo ¿me la podrías enseñar?
 
  Y de nuevo esa paciencia que solo ciertos primos pueden tener con alguien como yo, y acorde tras acorde, repitiendo mil veces, logró que aprendiera, eso y muchas más canciones,además me mostró músicos y cantautores rebeldes, diferentes, que  jamás había escuchado.
 
  ¡No sabéis lo que fue llegar al cole y bacilar con mis compañeras de que sabía ese temita!
 
¡Uf! luego pasé mi época disco, la heavy,  la hippy, y la de tantas tendencias musicales, y el pobre gatito tan triste,, tan azul  se quedó durmiendo en algún cojín, en algún pajar, en no sé que rincón de mi memoria.
 
Pero hoy, en el desayuno, en mi lista de canciones en el ipad, ha venido a saludarme el jodido gato, ¡y menuda llorera me he dado!
además de por el gato, he aprovechado para llorar por esta semana de asco que llevo, por ese parte que mi jefe me ha puesto por salir antes del curro para aferrarme a los  trocitos de mi madre que quedaban en su casa,
 por Jorge, mi vecino,, que se lo llevó este miércoles un infarto a sus treinta años,
por los adioses que Ana Belén, Sara y yo hemos tenido que dar en estos tres meses a nuestros padres,
por todo lo perdido, amores, desamores….
¡y por ese pobre gatito que sigue ahí solillo! , tan triste, tan azul, que sabe seguro pero tan seguro,  que en mi alma, una lágrima hay.
 
  Aquí dejo la cancioncita, ¡coged la caja de pañuelos!
 
 

 
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Duerme bien, Mamá

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.

Federico García Lorca.
 

Y el 6 de marzo, amaneció en el hospital, con sus ruidos, sus toses, la algarabía de las enfermeras trajinando, el servicio de limpieza, los sonidos de ambulancias…
  Pero en la habitación 2113  solo había silencio.
 Ni el burbujeo del oxígeno, ni  el run run del suero, ni  el motorcito del colchón anti escaras,  nada, solo el más absoluto y triste silencio que jamás olvidaré.
 
  Ojalá estés ya en tu paraíso, ese que siempre soñaste:
  Fincas  y fincas, montones de olivares bien cuidados.
Marjales y marjales para labrar, almendrales,  azas de trigo,bancaleras de papas, árboles frutales de todo tipo.
Caballones de hortaliza, hileras de flores de todos los colores.
Atadas al cerezo dos borriquillas, una blanca y una negra, porque aún ahora me cuesta elegir cual sería mejor, si la blanca, si la negra.
Un corral con sus ponedoras, sus conejos, sus pitirres, también un par de marranicos chatos, que habrá que engordar desde el verano.
 
  Ahí te alcanzaré yo más tarde o más temprano, ahí esperaré en tu cancela a que me veas y corras como siempre a abrazarme sudando.
 
  Buenos días Mamá.
 

¡quién me mandaría escribir un blog!

¿Quién me mandaría a mí hacer un blog?

      Hace tiempo que no me siento a escribir en mi blog, a contar mis percepciones, my  visión de las cosas,  mis aventuras. 
Podría poner mil excusas: el trabajo, las vacaciones, la falta de tiempo…. ¡nada de eso!
Como soy gente de no dejarme nada dentro, quiero echar aquí mi basurilla, a ver si así exorcizo a los duendes de la red de redes, Internet, y sobre todo ¡me quedo bien a gusto!
 
Cuando se me ocurrió escribir un blog, lo que es la ignorancia, mis máximas preocupaciones eran su aspecto, que fotocomposición poner, que letras…
Que título ponerle?, que temas tratar, como de largos,
Y sobre todo, ese miedo que hasta el propio Cervantes seguro que sintió alguna vez, ese síndrome del folio en blanco.
  Lejos estaba yo de saber en la aventura que me metía, que en esto de la blogosfera, salvo que tengas un amanuense que te haga el trabajito sucio,  ¡importa todo menos escribir bien!
 
  Vaya por delante que no soy nada pretenciosa, ni siquiera me considero gran escritora, pero me gusta contar historias, y me divierto
 Dándoles forma, y si además puedo aportar algo pues mejor que mejor.
  Pero lo de un blog, para una pobre usuaria registrada del montón como yo,    que tengo que manejar un ordenador con un lector de pantalla que responde bien salvo cuando se atasca el sistema,
 Que me manejo en Internet lo justo   para sobrevivir, ¡quien me mandaría abrir un blog! Porque claro, cuando tuve la feliz idea, cada vez que le pedía opinión a un informático, o a un bloguero profesional, su respuesta siempre era la misma, ¡es muy fácil! ¡No vas a tener ningún problema!
  Ya ¡ya! ¡Y yo me lo creí!
 
  Mi pánico comienza no cuando tengo que escribir o corregir algo sino ¡cuando lo tengo que subir a la red! oye, es poner mi nombre de usuario, mi contraseña, abrírseme el escritorio wol pres, empezar a sudar, mis trapecios se tensan, mis manos en el teclado tiemblan y ya puedo darles antes la cena a mis perros que si no, ni cenan ellos ni yo, ni desayuno al día siguiente!
 
   Letras raras, nombres raros, enlaces que no funcionan, ventanas emergentes, publicaciones rápidas que no lo son tanto, títulos, etiquetas, categorías!
   cuando ya no me hablan las esposas de mis amigos blogueros, cuando los informáticos no cogen mi teléfono,  no contestan mis correos, ni los sms, ni los wasapp  ni mis mensajes de twitter,
cuando desde mi paranoia  deseo contracturas musculares y dolores ciáticos a los que entienden de blogs, como medida máxima de tenerlos como pacientes y de paso consultarles dudas….
 
  Y claro, después de mi sufrimiento, mis mil llamadas, después de haber reiniciado el ordenador dos o tres veces, cuando ya estoy sin fuerzas y se publica el post, ahí, cuando debería ser mi momento de gloria, es cuando a mí me da el bajón de adrenalina, y en vez de preguntar a la gente si les ha gustado lo que he escrito, les pregunto si están bien las etiquetas, Hsi lo he puesto bien en sus categorías, ¡si le han dado al share!
Uf, y luego está el cachondo de turno, que para comprobar mi frecuencia cardíaca, mi tolerancia a la frustración, va y me suelta:

¡Pero si no se ha publicado nada!
 
 
 ¿Que harían los distintos premios Nobel de literatura frente a un blog??  ¿Que haría Shakespeare? ¿¿Y García Lorca?
¡Pobrecitos!
 
  En fin, ya no vivo en el engaño, ya sé que lo de escribir, mal que mal no es nada con el terror de publicarlo.
Y que sepáis  que vale, seguiré haciéndolo, que de vez en cuando me pondré mil excusas pero tarde o temprano os iré preguntando, ¡hasta que acabéis con la cabeza como un tambor!
  
 
  Mil gracias a todos los que me vais ayudando con cada duda que me surge, tanto en el ordenador, en el iphone y por su puesto en el blog.

A mi abuelo

         a mí abuelo

 

 

 

Ambrosio Megías padial, nacido no se sabe qué día del 1904,en Dúrcal, granada, y fallecido el día de Nochebuena del 1970, ¡ese fue mi abuelo por parte de madre!

 

 

Una niña que a la lumbre se arrimó

una chispa medio chifle le quemó.

La niña lloraba mucho

con medio chifle quemao,

el que se case con ella

chiflará de medio lao.

 

Esta coplilla tarareaba mi abuelo Ambrosio, llamado de la Berría, cuando borracho como una cuba, iba con los amigotes de parranda allá por los años 40.

 

Eran tiempos de miseria, en la posguerra, tiempos de hambre y tristeza.

época deprimente de la historia de España, y más de la historia de Andalucía, donde tantas personas sufrieron con el dolor, el exilio, y la pobreza.

 

No sé qué es lo que corre por mis venas, pero solo con un poquito de sangre que haya de mi abuelo Ambrosio,, ya me doy por contenta.

Hombre duro, como los de entonces, que se bebía el agua de los floreros, junto con el vino de las cantinas, que cantaba a pleno pulmón coplas que podrían hacer desmayar a cualquier debutante joven sensible victoriana.

 

Cuentan que antes de casarse con mi abuela, estaba enamorado de Purica la Sacristana, que, un día, bien bebido,, la tomó por las enaguas, y se las rompió, y así mismo se rompieron 7 años de noviazgo y un posible matrimonio bien avenido.

En su lugar, eligió por esposa a mi abuela Natividad, que la pobre lo tuvo que aguantar hasta enterrarlo, momento en el que pudo descansar de él.

 

Pendenciero, jugador, contrabandista, carretero de los de antes, con su puntito de ingenuo, y su poquito de ternura, allá en lo más profundo de su alma, se dice que puso una cantina, y cada vaso de vino que pedían los parroquianos, como él no sabía leer ni escribir, colocaba un pabilo de maíz, y sumaba los que había para saber cuántos vinos tenía que cobrar.

Demás está decir que muchos de los vecinos tiraban a la lumbre los pabilos, con lo cual, era de esperar que el negocio le durara tan poco como todo lo que emprendía.

Trapicheó con aceite, trigo, maíz, eludiendo la guardia civil en los tiempos del estraperlo, hasta que una vez lo denunciaron y tuvo que ir a la cárcel y mi abuela vendió una finca para rescatarlo.

¡menudo tarambanas mi abuelo!

Se emborrachaba tanto, que su propio mulo, que le esperaba en la puerta del bar, era el encargado de llevarlo a casa, ya que conocía el camino mejor que él.

 

Construía casas, las dejaba habitables, y en cuanto tenía oportunidad ¡se las jugaba a las cartas! y lo peor es que ¡perdía siempre! Su frase favorita era: casa bebida ¡casa vendida!

 

Eso sí, ¡siempre contento y con ganas de empezar de nuevo….

Mi madre, mi tío Ambrosio, mi tía Nati y mi abuela, se las vieron y se las desearon para sobrevivir no sólo por la época, sino por sus excesos, sus ganas de fiesta, su creatividad fuera de lugar y de tiempo.

 

Se puede decir que mi abuelo, no fue un modelo de virtud, pero yo lo recuerdo de muy pequeña, cuando me sentaba en sus rodillas y me acurrucaba bajo su brazo, cuando yo respiraba su olor a tabaco y vino, y escuchaba bajo el caqui del callejón como me contaba historias, me cantaba coplillas y me enseñaba versos:

 

La otra tarde deslié

un cigarro en el estanco,

y en él me encontré

una mesilla y un banco.

las patas de una gallina,

los restos de una langosta,

la cabeza de Cirilo

y el cuerpo de Mantecosa.

Una vieja apalillando,

la suela de una alpargata,

un ratón pegando saltos,

y de basura una carga.

 

 

bota piribota pirifotín de la bota, el que no tiene bota se equivoca.

Y el que no bebe vino de la bota pirifota ppirifotín de la bota….

cuando te veré venir, por aquel camino llano, cuando te veré venir con la licencia en la mano…