Ladrando en la nube con Goleta: visita al dentista

El dentista es de esos sitios que me dan pánico.


Siempre que he ido ha sido extrema necesidad, ellos nos engañan, nos dicen que no hacen daño, ¡pero siempre lo hacen!


Eso sin contar la sacudida de cartera que invariablemente nos dan, porque tú vas con un simple dolor de una muela y te acaban quitando hasta las amígdalas.


En mi caso todo comenzó en noviembre, yo tenía programado un viaje a la tumba de Don Antonio Machado, y ni un dolor de muelas iba a quitarme esa alegría y esa emoción de estar ahí, junto al poeta donde pasó sus últimos días.


Visité la clínica más cercana a casa, era una emergencia, y así me atendieron.


Mi dentista es italiano, Francesco, miró mi muela yla sentenció ¡hay que sacar, ¿sacar? ¡si ahí no hay nada! pues si, si que había una raíz la cual, escarbando escarbando, Franchesco la extrajo, y yo me fui con más dolor, y sensación de muela fantasma en mi boca.


No podía comer las cosas ricas de la zona, y andaba enjuagandome con agua y sal todo el rato.


¡Y a partir de ahí os ahorro los detalles!


Un presupuesto de más de mil euros, eso sí, pagados a plazos, tres muelas menos, dos empastes, una limpieza, y un puente que ni los de Calatraba.
Tres días antes del estado de alarma, el artesano de mi puente, empezó a organizar todo, mira que yo me resistía, pero él, que si, que ya es el momento, que en tres pruebas ya no tienes que volver… ¡ja, ja!


Limó mi colmillo precioso, así como un molar maravilloso, y en medio ahí quedaban los espacios donde viviían mis viejas y picadas difuntas muelas.
Me puso una prótesis provisional, y me mandó a casa una vez más con el lado derecho dormido y media cara inflamada.


Supuestamente en la siguiente semana empezarían las pruebas de mi puente, pero mira tú por donde va y se desata una pandemia, y yo ahí me quedé con mi puente a medio hacer, como si de una crisis inmobiliaria se tratara.


La prótesis provisional se despegó a los tres días del estado de alarma, tanto mis muelas fantasma como mis dos muñones de lo que antes fueron mi otra muela y mi colmillo, se me mostraron como algo extraño, ¡y no había manera de masticar!


No sé si eran los nervios del covid19 o mi modo de iniciar mi digestión con tan deficiente masticación, el caso es que mi estómago se empezó a resentir.
Y así llegué hasta el viernes pasado que recibí una llamada de la clínica, que ya me daban cita justo para hoy.


Allí nos hemos encaminado con Goleta de avanzadilla y yo de nuevo aterrorizada.


Bien, debo decir que la perrita se portó genial, echada esperando con paciencia, y sin atacar a mi dentista que de nuevo, torno en mano, me volvió a raspar, limar y yo que sé que tanta cosa.


Además, como había pasado tanto tiempo, tuvo que tomarme medidas de nuevo.


¿Sabeis esa masa asquerosa que hay que morder?
¿Y esa cera caliente para medir la mordida?


Y la otra cosa con olor a pegamento, que yo he salido de la clínica con un colocón que ya sentía que tenía dos perras en vez de una.


En fin, otra vez sin poder comer, sin masticar, con media cara dormida y un dolor aquí en el lado superior derecho.

La prótesis provisional ahora es una cosa rara en mi boca que me molesta hasta para hablar, ¡y tiene grietas por todos sitios!


He comido arroz ¡y se ha rellenado cada grieta con un grano!

Lo único bueno, es darme cuenta lo bien que se ha portado Goleta una vez más, y también, aunque debería ser lo normal, lo bien que se han portado tanto clientes como profesionales con la perrita.