Ladrando en la nube con Goleta: visita al veterinario

Hoy hemos ido a hacer la presentación oficial en la clínica veterinaria donde habitualmente he llevado a mis perros.

No creais que es fácil encontrar el veterinario ideal.


  Yo pensaba que era una buena clienta, tolerante y todo eso, pero parece que no, que no duraba ni medio año con los diferentes veterinarios a los que he ido.


  Era una frase, un concepto, no sé, cualquier dejadez que hacía que perdiera la confianza en el veterinario de turno.


  Y así me recorrí un montón de clínicas con mis perros.


  Pero gracias a María Conde, que es súper buena gente, y que ha criado a muchos cachorros de perro guía, entre otros al hermano de mi segunda perra,   ella me recomendó a Rogelio y su clínica, ¡y desde entonces es mi veterinario de cabecera.


  A él le ha tocado el ingrato trabajo de dormir a dos de mis perros, y consolarme mil veces cuando se me ponían malitos.
  También me encanta lo realista que es con los animales.
  Y esa naturalidad con la que los trata, ¡y ese cariño!


  Su hija ya está también en la clínica y es igual de profesional, y tan atenta con los perritos.


  He llevado la documentación de la escuela, los análisis, su cartilla y pasaporte, el certificado veterinario, y el de microchip.
  Le han hecho una buena exploración.
  Lo de medir la temperatura a los perros, de verdad ¿no se podría inventar otro método? eso de que te metan el termómetro  en el ojete… ¡no creo que siente muy bien!


  A Goleta tampoco le ha gustado que le miren las orejas con el otoscopio, de hecho ha cabeceado, y ¡ha llorado un poco!


  Tampoco le ha parecido muy bien cuando le han mirado el fondo de ojo con esa luz que le ha molestado bastante, esto lo entiendo, que mis diversas visitas oftalmológicas cuando yo era pequeña, todavía las recuerdo como una pesadilla.


  Ella está bien, sana y feliz.


  Le abrieron ficha, ya está registrada para los análisis obligatorios que nos exige la ley, y para que no se me olviden las vacunas y desparasitaciones.


  ¡No queremos aparecer por allí salvo lo justo y necesario!


  Es inevitable recordar cuando fui a poner a dormir a mis otros perros, y aunque sé que fue lo correcto, mi corazón se encogió un poco hoy.


      Suerte que la alegría de Goleta y sus ganas de ser feliz hacen que esos tristes recuerdos sean más llevaderos.