Nevi viendo a la cámara

  Un año sin ti

Mi querida Socia, compañera peluda, mi querida perra guía:

Ya hace un año que esa maldita hemorragia interna te alejó de mi lado, de mis manos.

Te cuento que no hay un solo día que no te recuerde.

Que echo de menos tu pelo, tu entusiasmo, tu suavidad, tu complicidad…

Tantas cosas hecho de menos de ti…

Cada vez que pasamos cerca de la clínica veterinaria donde te despedimos, se nos encoge el corazón con tu valentía y tu recuerdo.

Por aquí desde que te fuiste, el mundo se ha vuelto loco:

Los primeros días fueron tremendos, caminar sin ti, era demoledor, sentía tu cuerpo junto a mí en cada paso, e inevitablemente extendía mi mano para acariciarte, ¡y no estabas!

Tu hermano Xito también se nos fue en febrero.

Quedamos desolados.

Yo, conforme a mi promesa contigo, y con todo mi dolor, comencé los trámites para mi nueva perra guía.

El proceso fue largo y tedioso, desde el mismo momento en que comuniqué tu deceso en la FOPG, triste y desagradable por demás, hasta el día en que recibí el email donde me confirmaban que ya podía haber una nueva candidata para ocupar tu lugar.

Nadie puede ocupar tu lugar.

Tú fuiste única, quiero que lo sepas, quiero gritarlo al cielo para que lo escuches muevas tu cola esponjosa y me esperes feliz con paciencia cuando la vida me entregue a tu lado.

En marzo, el mundo que tú conociste se paró por un ser estúpido e ignorante, unas tiras de ADN nos encerró en casa a todos, y nos enfrentó a nosotros mismos y a nuestras emociones.

El miedo al dolor, la enfermedad, la pérdida de nuestra vida anterior.

La incertidumbre y la duda de que pasará después, nos dejaba agotados en cada jornada.

En esos días te recordaba intensamente, contigo hubiera sido todo más fácil.

La programación de curso con mi nueva compañera, iba a ser por ese tiempo, y todo quedó parado por el estúpido virus.

Tragué saliva cada día en tu recuerdo, y esperé con resignación al 15 de mayo, cuando tu instructor llegó a la  clínica con una perrita negra,  labradora con flat, es decir, algo  así como  una fletadora o como reza en  su carnet de perro guía: «mestiza»

Creo que ella tenía el mismo miedo y la misma tristeza que yo al principio.

Cuando nos quedamos solas, yo le expliqué todo:

Lo de Zambra, lo de Heidi, Bimba, Xito, y por supuesto lo tuyo.

Mi tristeza y a la vez mi alegría, mis recuerdos, los malos, los divertidos, los absurdos y los buenos.

Ella, supongo recordaría a su familia que la cuidó  de cachorrita, a sus compañeros de perreras, su instructor y la vida en la escuela.

Y acabamos las dos llorando, ella más porque se sentía sola y perdida en una nueva casa, y yo, ya sabes como soy, aproveché para llorar hasta por la quema de la biblioteca de Alejandría.

Se llama Goleta, ¡te encantaría! disfrutarías corriendo y jugando con ella.

Goleta jugando

Conociéndote, seguro le podrías mostrar algunos truquitos de guía, algunas de mis manías, y alguna trastada para hacer.

Ella ha sido un bálsamo para esta etapa tan difícil que nos toca vivir a los humanos.

Haríais buen equipo sin duda.

Conforme tú ibas haciéndote mayor, yo imaginaba precisamente eso, alguien como goleta animando tu jubilación, e incordiando tu colchoneta y robando tus juguetes.

Pero la vida tiene su proceso evolutivo, sin solución de continuidad.

Te confieso que cuando todo está en el caos, cuando no sé ni que va a pasar, y la presión es fuerte, ¡que ganas de volar a tu lado!

Y aquí estoy, que no acabo de creerlo aún,  un año después y como cada día, tratando de que tu tacto no se escape de mis dedos.

Goleta me acompaña mientras escribo, y solidariamente pone su cabeza en mi muslo.

Ya sabes, en este perro corazón caben infinitos y más perros.

¡Esperáme para cuando llegue!