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marzo 25, 2021

Una secta me ha captado

La secta de los perreros.

 

Así es, toda persona que tenga un perro, tarde o temprano acabará perteneciendo a esta secta.

No sé si la palabra que mejor define a este colectivo es secta, tribu, agrupación, club…. Ni idea, pero tal vez una mezcla de este tipo de grupos.

El primer contacto sucede en la calle, yo camino con mi perra y noto la tensión del arnés, el cuerpo de Goleta con más movimiento de lo normal, y su cola girando que cualquier día se le escapa.

Puedo oír algún ladrido, u otras patas de perro arrastrando a algún dueño, y alguna voz preguntando:

¿es perro o perra?

¿es un labrador?

¿está trabajando?

Y ahí empiezan las primeras conexiones.

Nuestros sitios favoritos de culto son los parques, el campo, la montaña….

Ahí podemos soltar a nuestros perros, verles jugar y correr, animarlos, regañarlos si discuten o se revuelcan en espacios deliciosos para ellos y asquerosos para nosotros…

Tenemos una serie de temas a tratar que nos encantan:

Las cacas de nuestros perros es el más común.

Qué les damos para comer,

qué juguetes son sus favoritos,

qué colchonetas,

qué correas,

qué tipo de collar….

Da igual qué raza de perros, si un elegante perro de salón, de concurso de belleza, o un serio pastor alemán, un chiquitito vocinglero, un alegre labrador o unas mil razas; todos son bienvenidos, todos tienen algo divertido, simpático, todos se ladran, se lamen entre ellos  y nos lamen indistintamente a dueños y amigos.

Da igual si el ejecutivo serio con su perro, si la mega pija de plástico, si la asistenta con el perro de la familia, el chaval mochila a la espalda, la señora con su carro de la compra, el alternativo vegano, el macarra con su perro que da miedo, o el perro guía.

Todos caben en el parque, en la zona de jugar y correr.

Todos tenemos algo que nos une, que nos hermana por encima de edad, sexo, ideologías, color de piel… y es la alegría de sentir felices a nuestros perros.

Hasta que no entramos en esta secta, no sabemos que es encontrar puntos verdaderos de encuentro, puntos en los que e estar de acuerdo.

Creo que si todos los políticos tuvieran un perro   del que ocuparse, llevarlo al parlamento, sacarlo al parque con el resto de la secta, recoger sus cacas, cepillarlo junto con sus compañeros, ¡seguro llegarían a más pactos!

¡seguro que limarían muchas más diferencias!

Propongo que cada vez que haya una negociación complicada, cada negociador lleve su perro, den un paseo por el campo, por un parque, y después ¡estoy segura que se ven mejor las cosas y con otra perspectiva!

Ahí lo dejo, señores diputados y senadores.