Ladrando en la nube con Goleta: en busca de la mierda perdida ¡haz haz!

 Cuando recibí mi primera perra guía y tuve que aprenderme toda la serie de órdenes que el animalito se sabía y que yo ni idea, sienta, échate, junto, no… y muchas más….  la que más risa me dio fue la de «haz haz!

Goleta con jugete buscando donde hacer
Goleta buscando donde hacer

¿A quien se le ocurriría esa orden?

¿Que que es eso?


Bueno, es esa orden donde sugerimos a nuestros perros que dejen su firma en el asfalto, que dejen sus residuos, que planten un pino, o lo que viene siendo que hagan sus caquitas y pises en el lugar más o menos correcto.


  Yo debo persuadir a la perra con las palabras «haz haz»  que debe ser algo así como tomarse un laxante porque en cuanto empiezo  a dar vueltas correa en mano, al cabo de pocos segundos, aquí mi socia, gira y gira hasta que decide depositar su merienda en el sitio, que según su idea perruna es perfecto.


  Hasta ahí todo bien ¿no?


¿pero que pasa cuando esa socia mía decide seguir dando vueltas y haciendo cacas? cuando se toma literalmente la orden, camina y hace, hace y camina….  y yo ahí, bolsa enguantada en mano, recorro el suelo buscando el ñordo perdido….


    Y no sé por qué, ¡siempre tengo la sensación de que me falta alguno!
  No entiendo eso de andar y cagar a la vez, de verdad, que el gran padre de todos los perros me perdone, ¡pero no lo entiendo! ¡yo sería incapaz!


   He pedido opinión a varios expertos, el instructor sugiere que la ponga en  correa más corta para hacer sus cositas, una amiga, que cuando esté en la infame posición la perrita, yo me ponga delante de su cabeza y así limite sus movimientos, en fin, todo sucede tan de prisa, con el trajín se me cae el bolso, el arnés… ¡un desastre!


  ¡Yo quiero ser buena ciudadana  y recoger bien mis mierdas!
Y a veces es casi imposible.


  Está bien, mi socia y yo somos pareja desde hace bien poco, es nuevo el barrio, los olores y todo, ¡pero ya llevo en la suela de  mi zapatilla más de tres cagadas!

Ladrando en la nube con Goleta: visita al veterinario

Hoy hemos ido a hacer la presentación oficial en la clínica veterinaria donde habitualmente he llevado a mis perros.

No creais que es fácil encontrar el veterinario ideal.


  Yo pensaba que era una buena clienta, tolerante y todo eso, pero parece que no, que no duraba ni medio año con los diferentes veterinarios a los que he ido.


  Era una frase, un concepto, no sé, cualquier dejadez que hacía que perdiera la confianza en el veterinario de turno.


  Y así me recorrí un montón de clínicas con mis perros.


  Pero gracias a María Conde, que es súper buena gente, y que ha criado a muchos cachorros de perro guía, entre otros al hermano de mi segunda perra,   ella me recomendó a Rogelio y su clínica, ¡y desde entonces es mi veterinario de cabecera.


  A él le ha tocado el ingrato trabajo de dormir a dos de mis perros, y consolarme mil veces cuando se me ponían malitos.
  También me encanta lo realista que es con los animales.
  Y esa naturalidad con la que los trata, ¡y ese cariño!


  Su hija ya está también en la clínica y es igual de profesional, y tan atenta con los perritos.


  He llevado la documentación de la escuela, los análisis, su cartilla y pasaporte, el certificado veterinario, y el de microchip.
  Le han hecho una buena exploración.
  Lo de medir la temperatura a los perros, de verdad ¿no se podría inventar otro método? eso de que te metan el termómetro  en el ojete… ¡no creo que siente muy bien!


  A Goleta tampoco le ha gustado que le miren las orejas con el otoscopio, de hecho ha cabeceado, y ¡ha llorado un poco!


  Tampoco le ha parecido muy bien cuando le han mirado el fondo de ojo con esa luz que le ha molestado bastante, esto lo entiendo, que mis diversas visitas oftalmológicas cuando yo era pequeña, todavía las recuerdo como una pesadilla.


  Ella está bien, sana y feliz.


  Le abrieron ficha, ya está registrada para los análisis obligatorios que nos exige la ley, y para que no se me olviden las vacunas y desparasitaciones.


  ¡No queremos aparecer por allí salvo lo justo y necesario!


  Es inevitable recordar cuando fui a poner a dormir a mis otros perros, y aunque sé que fue lo correcto, mi corazón se encogió un poco hoy.


      Suerte que la alegría de Goleta y sus ganas de ser feliz hacen que esos tristes recuerdos sean más llevaderos.

Ladrando en la nube con Goleta: familias

Sabeis que los perros guía no podrían trabajar ni ser tan grandes profesionales si no fuera gracias a esas familias que de forma altruista y amorosa, dedican horas y horas a unos pequeños cachorros que cuando cumplen un año, vuelven a la escuela para aprender el duro trabajo que en el futuro realizarán a nuestro lado como perros lazarillos.

Goleta de pequeña


  Son gente maravillosa, con una humanidad increíble que los cuidan,  les dan cariño, les enseñan a ir del lado izquierdo, a hacer sus necesidades en la calle,  a socializar con otros perros, y vivir todo  tipo de experiencias para que puedan madurar adecuadamente.


 ¿Que puedo decir? ¡las familias de todas mis perras son maravillosas! yo trato de mantener el contacto con ellos siempre, porque si son familia de mi perra, de alguna manera son familia mía.


Tengo siempre tantas preguntas para hacer, tantas dudas, ¡y como me hubiera gustado conocer a mis perritas de bebés!
  El día que los perros se encuentran con su familia y nosotros, es un día tan especial… lleno de emociones para todos.


  Me imagino a esas familias viendo a sus pequeñines ya grandes, hechos unos profesionales trabajando tan formales, ¡si hasta yo misma me sorprendo cuando siento el trabajo de Goleta!


  Pero en nuestro caso, el covid19 nos ha robado entre otras cosas ese día.
No, no pudo ser ese fantástico encuentro con Marta y su familia.
Las normas de confinamiento, el estado de alarma y la fase cero nos privaron a ellas y a mí de esa orgía de emociones que es el encuentro familiar.


  Todo se redujo a una simple llamada telefónica con el instructor, ¡y poco más!


  Aunque como yo soy cansina, ¡la cosa no quedó así! rápidamente comencé a mandar mensajes a Marta, y bueno ¡que guay!
Ella me mandó fotos de peque, y me contó algunas cosas ¡y yo quiero saberlo todo!


Si Goleta es tan linda, se lo debo a ellas, y estoy tan agradecida….
¡nos cobraremos ese día de la familia pero a lo grande! y lo celebraremos más y mejor que nunca!


  Vaya mi sentido  homenaje a todas las familias que cuidan o han cuidado cachorros de perro guía,  ¡y en estos días en concreto a la familia de Goleta!
¡mil gracias!

Ladrando en la nube con Goleta: ¡al fin solas!

Por un lado es una alegría salir de la disciplina del curso de perros guía, del ritmo diario de paseo, lecciones, consejos y recomendaciones diversas del instructor….


Pero por otro lado…. ¡solas ante el peligro!


  Esas referencias de obstáculos, de cruces mal señalizados, esas distracciones de Goleta las tengo que suponer yo, calibrarlas y actuar en consecuencia.


  Aún siendo veterana en esto, lo cierto es que tengo mis inseguridades en algunos momentos.


  Ayer dimos nuestro primer paseo sin compañía, en un horario temprano donde a penas si caminaba gente, práctica de bordillos, andamios, bolardos y papeleras.


  Ella ralentizaba el paso en cada cruce, y oteaba a lo lejos por si por arte de magia podría aparecer para su alegría Pedro.

Yo le explicaba que ese hombre no le convenía, que es agua pasada, que no vale la pena suspirar por él, que él ya tiene a otra no, ¡a otras muchas esperando!


 Y nada, ella ahí esperando y suspirando  en cada calle.
  Supongo que se le irá pasando poco a poco ¿no?
 

En cambio hoy el paseo ha sido con más calor, he madrugado menos y había más ambiente en las calles.


  El calor de la mascarilla y la pérdida de receptores en la cara, me hacen más difíciles los paseos, y eso que aún no hay tanta gente en la calle como supongo habrá en unas semanas.


  En losprimeros cruces iba algo despistada también, sigue buscando llena de ilusión al instructor.
Aunque al cabo de un rato ya se olvidó y empezamos el trabajo serio que será nuestra rutina diaria.


  Tengo un montón de hojas para rellenar.
  La escuela nos da en papel y en digital una serie de cuestionarios para cumplimentar cada semana por tener una valoración más o menos subjetiva de como va la perrita, si tira, si tiene tensión de arnés, si coge alimentos del suelo…. en fin, una serie de items para valorar el trabajo en general.


  Ya hoy me toca  hacer mi primera valoración. 
  Os estoy dando muchos detalles, lo sé, y tal vez pueda dar la impresión de que la cosa es complicada, que lo es, pero merece la pena, es esta sensación de volar, de sentirme libre a pesar de virus, mascarillas, pasos de cebra y personas por medio. 


  Goleta es impresionante, todo amor, todo felicidad, y también una gran trabajadora.

Ladrando en la nube con Goleta, ¡día de examen!

Es tradicional en mi instructor, que el último día de emparejamiento hagamos una ruta más o menos solas ante el peligro, ¡y esta vez no iba a ser menos!

Goleta de cachorro soñando con ser perro guía
Goleta de cachorro soñando con ser perro guía


  Goleta ya está súper adaptada en casa, incluso su estómago de 75 por ciento de labrador, calcula perfectamente cuando es la hora de la cena, y así me lo notifica cada vez de forma menos sutil, por si a caso se me olvida….


  Hoy por la mañana ha sido la gran prueba, desde Luchana hasta el museo arqueológico, digamos que ese ha sido el examen, así, sin anestesia.
  El primer tramo desde Covarrubias hasta Sagasta, más o menos, un par de coches sobre la acera, la cola sin distanciamiento social de la droguería, que ya les he llamado la atención, y recto al cruce para llegar a Alonso Martínez.


  Estos cruces extraños con dos carriles con el semáforo en distinto lugar, el cual hay que localizar en el centro del cruce con tráfico a ambos lados.
Este tipo de cruces son algo estresantes, el ruido, la gente, y mi preocupación por si la perra se sale algo de la estrecha acera, lo sé, lo sé, ella es lista, pero el miedo es libre.


  Parada en viena Capellanes, porque ayer también paramos a pedir un café para llevar, y Goleta pensó por un momento si queríamos tomarnos otra vez algo.
¡un detalle de su parte!


  Es lo grande de los perros, ¡siempre recuerdan todos los sitios donde van!
  Y por fin llegamos a Colón:
Es un lugar con mucho tráfico, y eso que aún estamos en la 0,5 fase.
Es complicado encontrar el paso de cebra porque no están alineados tampoco, además hay cesped, bancos, gente, árboles…. Pero logramos localizar los otros dos semáforos y enfilamos la calle Alcalá con mucha dignidad.


  A Goleta le sigue gustando ir cerca de los árboles, yo, después del aterrizaje de ayer, les tengo bastante respeto, mas que nada por los alcorques.
  ¡Y llegamos al museo arqueológico! está cerrado, porsupuesto, pero le prometí que vendríamos algún día de nuevo, porque es uno de mis museos favoritos.
Hay muchas cosas para tocar, y maquetas casi a escala real.


  De nuevo retomamos ruta y de vuelta a casa ya más relajadas.
  La firma del contrato con la escuela de perros guía, informes veterinarios, seguro, instrucciones diversas, ¡mil papeles!
Pero lo más importante, ¡la medalla acreditativa de que Goleta ya es perra guía oficial!


  Cuando coloqué el distintivo en su collar de trabajo, ¡deberían haber sonado fanfarrias y tambores!


Pero Sólo estábamos el instructor y yo, yo sentí una gran emoción, la suerte estaba echada, y nuestra unión quedó sellada.


  Soy consciente,queda todo por hacer, y a partir de mañana estaremos solas ante el peligro, pero con voluntad y paciencia estoy segura de que seremos capaces de llegar a cualquier sitio.


  ¡Y seguiremos contando nuestras aventuras!

Ladrando en la nube con Goleta, bajando al metro y tomando el pulso a la ciudad

Poco a poco las cosas se nos complican a Goleta y a mí.

Foto de Salvi con goleta en Madrid


  La ciudad y su disposición, desde luego no nos lo ponen nada fácil.
  Hoy teníamos que ir al metro.


    Como usuaria veterana, tengo ciertas ventajas en cuanto al manejo de la perrita, pero también desventajas, una de ellas es que aún no estoy totalmente acoplada a su paso y a sus señales, y esto me confunde, y supongo que a ella también.


  En un cruce con Santa Engracia donde justo el paso de cebra está frente a un árbol, que no sé qué diseñador de ciudades o de árboles se le ocurrió semejante idea, porque no solo es problema para mí, sino también para personas en sillas de ruedas y carritos de bebés, pues he tenido mi caída del curso.


  Cada nueva perra, sistemáticamente tiene ese riesgo en el entrenamiento, caerse está asumido como daño colateral, duele más la autoestima que el rodillazo en sí.


Al hacer el giro a la derecha desde el cruce, Goleta me señaló que debía esquivar el alcorque del árbol, pero yo, ni estaba atenta a ello, ni concentrada en el camino, y así fue como aterricé, ¡y eso que el instructor incluso lo vio venir y me avisó!


  En fin, si me preocupé sobre todo fue por ella, por si se asustaba con mi caída.
  Ahora, en esta etapa cualquier cosita puede ser traumática, son muchos cambios, casa nueva, amigos nuevos, olores nuevos.
Y yo, ahí que no siempre sé actuar rápido y adecuadamente.


  Si bien mi mentalidad y mi actitud para caminar siempre es positiva, está ese miedo y ese estrés que hay que superar en el día a día.
  No estoy segura, y lo quiero contrastar, pero siento que la mascarilla me quita  algo de movilidad.


  Además, desde agosto que no tengo perro guía, aprendí de nuevo a tomar nuevas referencias, más pegada a la pared, y Goleta suele acercarse más en su camino hacia los árboles.
En parte mejor, porque hay menos obstáculos que salvar, pero por otro lado, yo voy más insegura.
  Estos días son así.
  Donde si que ha mostrado un trabajo escelente para mí, ha sido en el metro.


Si bien es cierto que en la fase cero a penas si había público, ella realmente ha salvado las escaleras automáticas genial, yo no me atrevía a agarrarme de la barra vertical del metro, ni tampoco poner la mano sobre la baranda en escaleras, ¡efecto coronavirus! lo cual es otra pérdida de más referencias y dar más confianza a la perra.


  No le dan miedo los tornos para pagar, ni al entrar y salir del vagón, espera tranquila en el andén y me ha gustado mucho sentir que está segura y va sin temor.


    Otro momento bonito ha sido la presentación de Goleta a Kely, otra de las perras guía de la clínica, ha sido, como dice el instructor, en terreno neutral, en la calle, se han olido, y la cosa ha ido bien.
  Luego han estado los tres tan formales en la recepción de la clínica, Yoki, Kely y Goletta,  ¡como si fueran amigos de toda la vida!
  ¡Y qué calor!
  Ahora cepillado y a relajarnos un rato, ¡que nos lo merecemos las dos!

Ladrando en la nube con Goleta, desde Chamberí a sol

Hoy el día ha dado bastante de sí.


  Hemos comenzado pronto, porque al final de la mañana realmente aprieta el calor en Madrid, los 30 grados al sol caminando con mascarilla y perra joven, se me hace algo duro.


  La ruta realmente ha sido complicada, en Luchana las obras del metro, por fuencarral, los de las pequeñas tiendas tratando de abrir de nuevo, cajas en la calle, contenedores, gente, y algún que otro perro.


  De encontrarme con perros, ya os contaré otro día, porque la cosa da mucho de sí.

En las calles peatonales todo va bien, y caminamos en el centro, pero cuando llega un veículo de permiso, hí hay que manejar las órdenes correctamente.


  Goleta se lo sabe genial, pero a mí, acostumbrada a mi difunta perra, que casi me adivinaba el pensamiento, yo he tenido que reciclarme.
  Cuando hemos llegado a la puerta del sol, ha sido impresionante, los bolardos gigantes a ambos lados de nosotras, y menos mal que había poca gente.


  Hoy el instructor se ha movido m´s de nuestro lado, la perra lo busca, claro, de momento es más referencia que yo.


  Ahora ni podemos tomar un refresco, bares cerrados, ni podemos sentarnos en un banco a descansar, pero no importa, sólo la alegría de volver a las calles vale la pena.


  Y de vuelta otra vez a casa, le he pedido a Pedro si le puedo hacer una entrevista sobre Goleta, y ¡aquí os lo dejo!

      Realmente es interesante.
¡Se puede aprender mucho de perros!

Ladrando en la nube con Goleta, segundo día.

 ¿Sabeis cuando todo pasa en el mismo día? pues eso es lo que ha ocurrido hoy.
  De buena mañana llegaba el instructor, Pedro, para comenzar el entrenamiento con Goleta.


  Además, los de RTVE, se presentaban en la clínica para hacernos un reportaje sobre la reapertura y sobre la fisioterapia,  como trabajamos ahora, y el tipo de medidas de seguridad.
  A parte, el trabajo diario de la clínica, con los pacientes citados y todo el lío total, que no había tiempo ni para pensar.


  Dimos un primer paseo por Covarrubias hasta alonso Martínez.
  La perra trabaja genial el hombro derecho, y respeta mejor la distancia social que la gente.


  Esquivó una cola larga de personas que había en la puerta de una droguería que a penas si estaban separados.
  Lo bueno de ir en esta etapa con el instructor, es que tengo una fiel referencia de cuanto va sucediendo a mi alrededor.


Goleta va salvando andamios, bolardos, contenedores, junto con árboles y gente que no mira, y si no es porque Pedro me lo cuenta, es que ni me entero.
  La mascarilla sigue siendo un sufrimiento pues en cuanto el calor aprieta, es agobiante, lo sé, no queda otra, y mejor esto, el premio es Goleta, y vale la pena soportarlo.


  Debo señalar las manías que tenemos las personas renovadoras de perro guía.


  Goleta es mi cuarta perra, ¡es increíble como pasa el tiempo! y automáticamente me dejo llevar como si ya fuéramos una unidad,  y realmente no es así.


Me temo que ella se sabe mejor la lección que yo y que por más que quiera tomar como modelo mis otras experiencias, ella es sólo ella, tiene su modo de caminar, de pararse, de sentarse, y yo tengo que aprender a reconocer sus gestos.


Esto lo logra´re supongo a base de mucho caminar y practicar.
  Mientras nos han grabado, ella se ha quedado en la recepción de la clínica, y ha estado quietecita ¡como una profesional!


  Los cámaras querían grabarla ¿pero como hacer entender a un profesional de la imagen que ponerse delante de un perro guía es como ir en contra de su trabajo? ella siempre va a intentar esquivarlo.
  Es joven y está adaptándose a mí, al barrio, nuevos olores, nuevos amigos ¡tanto por descubrir!


  Lo que sí puedo contaros es que en casa ya es la reina, su camita, sus juguetes, ¡si hasta ya tiene pillada la hora de la cena!
  Mañana será otro día lleno de aventuras, ni el calor ni la mascarilla van a evitar que disfrutemos  en este viaje!

Primer día trabajando con Goleta

Efectivamente, hoy lunes hemos empezado Goleta y yo a trabajar en equipo.
  Lo de los tres días anteriores era jugar y divertirnos, pero a partir de ahora ¡nos va a tocar sudar de lo bueno!


  Sobre las nueve llegó el instructor, yo subí con la perra y su arnés recién estrenado.


  Debo decir que me gusta este arnés, si bien es algo más aparatoso que el anterior que tenía la escuela, también es cierto que es más estable a la hora de caminar, y que a mí, por lo menos, me da más seguridad.


  Además, trae una tira de cuero en el asa, donde viene rotulado el logo de la escuela así como el distintivo de perro guía, que creo está más a la vista que el cosido de cuero del anterior.


Y al dejar caer el asa cuando dejamos la guía, no cae directamente sobre la espalda del animal.


  A pesar de haber manejado tres perras, siempre los primeros trayectos son emocionantes, ajustar nuestro paso, avanzar en la ciudad entre mucha gente, tomar el pulso a la nueva situación.
  Ni la perra ni yo, después de dos meses de confinamiento, estamos en el mejor estado físico, bueno, miento, ella está en un genial estado físico, y yo, ¡yo estoy hecha una pena!


  Vamos, que he sudado hoy de lo lindo casi a lomos de goleta, porque ha desplegado sus velas y hemos surcado Santa Engracia hasta el canal, quevedo, glorieta de bilbao y de vuelta por Luchana a casa.
  Va a buen ritmo, para genial en los bordillos, y salva obstáculos como una campeona.
  Pero tengo yo un extra en todo esto, y es entrenar con mascarilla ¡menudo coñazo!


  No os podeis imaginar lo pesado que se hace, además, hoy precisamente en Madrid ha hecho bastante calor, y mi cara parecía una sauna.
  a veces tenía que parar en la sombra para secarme el sudor con toda la parafernalia, lavar mis manos, bajar mascarilla, secar sudor….
En fin, ¡un lío!


  Lo que es Goleta, ¡ella no tiene problema con nuestros bozales! creo que se parte de risa, debe estar pensando si nos hemos vuelto locos los humanos tapando nuestras bocas y narices como si no pudiéramos coger cosas del suelo.

  Ha sido una gratificante experiencia, volver a navegar por laciudad, aún con la mascarilla, sentir el aire en la cara y ganarle algo de terreno a la libertad.

¡Ladrando en la nube con Goleta!

Ladrando en la nube con “Goleta”.
Nada como la pérdida de un par de amigos, unas cuantas decepciones, la despedida de mis dos perros, viajes cancelados, planes estropeados, celebración fallida del  20 aniversario de mi clínica, y una pandemia mundial, y no sigo….  ¿se puede pedir más?
 Nada como  eso para considerar terrible los últimos 10 meses de mi vida.
Pero así como el túnel está al final de la luz, también viceversa.
¡Y mi luz al final de mi túnel ya está en casita!
Tiene cuatro patas, es una labradora negra con un 25 por ciento de flat, que a saber cómo se calcula esto desde el punto de vista genético.
Se llama Goleta, nombre marinero donde los haya.
Con ella podré ciertamente navegar por esta ciudad loca de Madrid, y por donde queramos, estoy segura.
El viernes llegó, y durante estos tres días lo único que tenemos que hacer es conocernos, jugar, pasear sin mucha exigencia, aprender a acariciarnos, afianzar el vínculo.
Se me partió el corazón cuando Pedro, mi instructor se fue, y ella, al verlo marchar, dio un triste gemido.
Me puedo poner en su pellejo, también me ha pasado:
Sitio nuevo, gente nueva, olores nuevos y sin saber si una va a ser aceptada.
¡Pero sí! Ella ha sido el mejor regalo después de todo este lío.
Aquí está, en su camita rodeada de juguetes, una serpiente y un pato enorme que a cada media hora lo trinca y me lo trae para que no me olvide de que ella está ahí.
Come bien, hace sus cositas correctamente frente a casa, y mueve el rabo y contonea su cuerpo como si fuera la perra más feliz del mundo.
  Y yo, podéis imaginar, siento que hay vidilla de nuevo en esta casa.
Pelos, olor perruno, cepillos, saco de pienso, bolsitas de cacas, correas y arnés nuevo.
En mi corazón siempre un recuerdo para mis otros tres perros que ya no están, no, no me acostumbro, y no quiero acostumbrarme y no echarlos de menos, es un dolor de amor.
Pero Goleta la marinera, la labradora, la juguetona lame mis heridas y me hace reír y decir tonterías, me hace correr, y respirar a su lado.
Nos queda todo el camino por recorrer, mañana comenzaré el trabajo de entrenamiento con el instructor, y espero que con paciencia y trabajo, ambas aprendamos a ir juntas en cuantos recorridos nos toque caminar.